Dios hará de la nueva tierra su morada… El cielo y la tierra ya no estarán
separados, sino que serán uno. Pero dejar a la nueva tierra fuera de consideración
cuando pensamos en el estado final de los creyentes es empobrecer grandemente
la enseñanza bíblica sobre la vida venidera. —Anthony Hoekema
Muchos libros sobre el Cielo no dicen nada en cuanto a la Nueva Tierra. Algunas veces unos pocos párrafos, escritos con palabras imprecisas, se incluyen al final. Otros libros consideran a la Nueva Tierra pero socavan su verdadera naturaleza: “¿Es esta nueva tierra como nuestra tierra presente? Probablemente no”.[1]Douglas Connelly, The Promise of Heaven: Discovering Our Eternal Home [La promesa del Cielo: Descubriendo nuestro hogar eterno] (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 2000), 120. Pero si no lo es, ¿por qué la llama Dios una Nueva Tierra? Un autor dice: “La fase eterna del cielo será tan distinta de lo que nos es familiar que nuestro lenguaje presente no lo puede siquiera describir”.[2]Ibid., 121. Por cierto que nuestro lenguaje presente no lo puede describir totalmente, pero de hecho sí lo describe (p. ej., Apocalipsis 21–22).
Muchas religiones, incluyendo el budismo y el hinduismo, caracterizan la vida después de la muerte como vaga e intangible. El cristianismo refuta específicamente esta noción. El cristianismo bíblico no abandona, no deja de lado a la humanidad o a la Tierra.
Paul Marshall escribe: “Nuestro destino es un destino terrenal: Una nueva tierra, una tierra redimida y transfigurada. Una tierra vuelta a reunir con el Cielo, pero de todos modos una tierra”.[3]Paul Marshall con Lela Gilbert, Heaven Is Not My Home: Learning to Live in God’s Creation [El Cielo no es mi hogar: Aprendiendo a vivir en la creación de Dios] (Nashville: Word, 1998), 11.
Nuestro anhelo por el Edén
Nosotros extrañamos el Edén.[4]Gary Moon, Homesick for Eden [Nostalgia por el Edén] (Ann Arbor, Mich.: Servant Publications, 1997). Sentimos nostalgia por lo que ha sido implantado en nuestro corazón. Está construido dentro de nosotros, tal vez a nivel genético. Anhelamos lo que el primer hombre y la primera mujer disfrutaron una vez —una Tierra perfecta y hermosa, y relaciones sin mancha con Dios, los unos con los otros, los animales y nuestro medio ambiente. Todos los intentos de progreso humano han sido intentos para recuperar lo que se perdió en la caída.
Nuestros antepasados vinieron del Edén. Nos dirigimos hacia una Tierra nueva. Entretanto, vivimos nuestras vidas en una Tierra corrompida por el pecado, entre el Edén y la Nueva Tierra, pero nunca debemos olvidar que este no es nuestro estado natural. El pecado, el sufrimiento, la guerra y la pobreza no son naturales —son los resultados devastadores de nuestra rebelión contra Dios.
Anhelamos un retorno al paraíso —un mundo perfecto, sin la corrupción del pecado, en donde Dios habla con nosotros cuando el día refresca. Debido a que somos seres humanos, deseamos algo tangible y físico, algo que nunca se desvanecerá.
Adán fue formado del polvo de la Tierra, estableciendo para siempre nuestra conexión a la Tierra (Génesis 2:7). De la misma manera en que somos hechos de la Tierra, así también somos hechos para la Tierra. Pero, tal vez usted ponga la objeción de que Jesús dijo que Él iba a preparar un lugar para nosotros y que nos llevaría allí para vivir con Él para siempre ( Juan 14:2-3). Sí, pero, ¿cuál era ese lugar? Apocalipsis 21 lo deja claro: es la Nueva Tierra. Allí es donde residirá la Nueva Jerusalén cuando baje desde el Cielo. Solamente entonces estaremos verdaderamente en nuestro hogar.
Claves sobre la naturaleza del cielo eterno
Escuché decir a un pastor por radio: “No hay nada en nuestra experiencia presente que pueda sugerirnos cómo es el cielo”. Pero si el Cielo eterno será una Nueva Tierra, ¿no sugiere eso que la Tierra presente debe estar repleta de claves acerca de cómo será el Cielo?
La Biblia nos da imágenes llenas de alusiones e inferencias en cuanto al Cielo. Póngalas juntas y las piezas de ese rompecabezas forman un cuadro hermoso. Por ejemplo, se nos dice que el Cielo es una ciudad (Hebreos 11:10; 13:14). Cuando escuchamos la palabra ciudad, no deberíamos rascarnos la cabeza y pensar: “Me pregunto lo que significa eso”. Nosotros entendemos las ciudades. Las ciudades tienen edificios, cultura, arte, música, atletismo, mercaderías y servicios, eventos de toda clase. Y, por supuesto, las ciudades tienen gente que participa en actividades, reuniones, conversaciones y trabajo.
También se describe el Cielo como un país, una patria (Hebreos 11:16). Sabemos acerca de países. Tienen territorios, gobernantes, intereses nacionales, orgullo en su identidad y ciudadanos que son tanto diversos como unificados.
Si no nos podemos imaginar a nuestra Tierra presente sin ríos, montañas, árboles y flores, entonces, ¿por qué trataríamos de imaginar a la Nueva Tierra sin esas características? No esperaríamos que algo que no fuera Tierra tuviera montañas y ríos. Pero Dios no nos promete algo que no es Tierra. Él nos promete una Nueva Tierra. Si la palabra Tierra en esta frase significa algo, significa que podemos esperar encontrar cosas terrenales allí —incluyendo atmósfera, montañas, agua, árboles, gente, casas— aun ciudades, edificios y calles. (Estas características familiares se mencionan específicamente en Apocalipsis 21–22.)
Se nos dice que tendremos cuerpos resucitados (1 Corintios 15:40-44). Cuando Dios habla de nosotros teniendo esos cuerpos, ¿nos encogemos de hombros y decimos: “No puedo imaginarme cómo será un cuerpo nuevo”? No, por supuesto que lo podemos imaginar. Sabemos lo que es un cuerpo —¡hemos tenido cuerpo durante toda nuestra vida! (Y podemos recordar cuando el nuestro se veía mejor, ¿no es verdad?) Así que podemos imaginar un cuerpo nuevo.
Se nos dice que serviremos a Cristo en la Nueva Tierra, trabajando para su gloria (Apocalipsis 22:3). Sabemos lo que significa trabajar y querer trabajar.
Las Escrituras hablan de una nueva Jerusalén hecha de piedras preciosas. Algunas de las joyas que se mencionan en Apocalipsis 21:19-21 se encuentran entre las sustancias más duras que se conocen. Indican la solidez material de la Nueva Tierra. El problema no es que la Biblia no nos dice mucho acerca del Cielo, sino que es que no prestamos atención a lo que nos dice.
Algunas de las mejores descripciones que he visto del Cielo eterno se encuentran en libros para niños. ¿Por qué? Porque pintan escenas terrenales, con animales y personas jugando, y actividades divertidas. Por otro lado, los libros para adultos a menudo tratan de ser filosóficos, profundos, etéreos y fuera de este mundo. Pero esa clase de Cielo es precisamente lo que la Biblia no describe como el lugar en el que viviremos para siempre.
John Eldredge dice: “Solo podemos anhelar lo que deseamos”.[5]John Eldredge, The Journey of Desire: Searching for the Life We’ve Only Dreamed Of [El viaje del deseo: Buscando la vida que solo hemos soñado] (Nashville: Nelson, 2000), 104–5. A esto yo le agregaría un corolario: Solo podemos desear lo que podemos imaginar. Si usted cree que no se puede imaginar el Cielo —o si se lo imagina como algo aburrido y sin atractivo— no se puede entusiasmar en cuanto a él. No puede tener las ansias como las de un niño que Dios valora tanto (Marcos 10:15).
Abraham “esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor” (Hebreos 11:10). Si él la esperaba, ¿no cree usted que se estaba imaginando cómo sería? Los descendientes de Abraham “anhelaban una patria mejor, es decir, la celestial” (Hebreos 11:16). Y como seguidores de Cristo, nosotros “aquí no tenemos una ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad venidera” (Hebreos 13:14); “según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva” (2 Pedro 3:13).
Muchas personas no pueden resistir espiritualizar lo que la Biblia enseña acerca del Cielo. Según un teólogo evangélico: “Mientras que el cielo es tanto un lugar como un estado, es principalmente un estado”.[6]Millard Erickson, Christian Theology [Teología cristiana] (Grand Rapids: Baker, 1998), 1232. ¿Pero qué quiere decir eso? Otro teólogo escribe: “Pablo no piensa en el cielo como un lugar, sino que piensa en él en términos de la presencia de Dios”.[7]Donald Guthrie, New Testament Theology [Teología del Nuevo Testamento] (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1981), 880. Pero cuando una persona está “presente”, ¿no sugiere eso que hay un lugar?
Un libro pone la palabra lugar entre comillas cada vez que usa la palabra para describir el Cielo o el Infierno. Dice que el paraíso es “más una condición espiritual que un lugar del espacio”.[8]Walton J. Brown, Home at Last [En casa al fin] (Washington, D.C.: Review and Herald, 1983), 145. Pero Jesús no dijo que el Cielo era “principalmente un estado” o una “condición espiritual”. Él habló de una casa con muchos cuartos en la cual Él prepararía un lugar para nosotros ( Juan 14:2). En Apocalipsis 21–22, la Nueva Tierra y la Nueva Jerusalén son descritas como lugares reales, con descripciones físicas detalladas.
Jesús les dijo a sus discípulos: “. . . vendré para llevármelos conmigo. Así ustedes estarán donde yo esté” ( Juan 14:3). Él usa términos comunes, terrenales, que indican espacio para describir el Cielo. La palabra donde se refiere a un lugar, a una localidad. De igual modo, la frase vendré para llevármelos indica movimiento y un destino final.
Si el Cielo no es un lugar, ¿hubiera dicho Jesús que lo era? Si reducimos al Cielo a algo menos de lo que es, despojamos de significado a las palabras de Jesús.
¿Estamos simplemente de paso?
El famoso himno antiguo que dice: “Soy peregrino aquí, mi hogar lejano está”, es una verdad a medias. Debemos pasar de la Tierra a través de la muerte, pero finalmente regresaremos a vivir en una Tierra restaurada.
La Tierra ha sido dañada por nuestro pecado (Génesis 3:17). Por lo tanto, la Tierra como es ahora (bajo la maldición) no es nuestro hogar. El mundo como era, y como será, es nuestro hogar. Nunca hemos conocido un mundo sin pecado, sufrimiento y muerte. Sin embargo, anhelamos tal vida y tal mundo. Cuando vemos una catarata y escuchamos el estruendo que produce el agua, cuando vemos hermosas flores, un animal salvaje en su entorno natural, o el gozo en los ojos de nuestras mascotas cuando nos ven, sentimos que este mundo es —o por lo menos se dispuso que fuera— nuestro hogar.
Somos peregrinos en esta vida, no porque nuestro hogar nunca será en la Tierra, sino porque nuestro hogar eterno no está actualmente en la Tierra. Fue y será, pero no lo es ahora.
¿Regresará el Edén que anhelamos? ¿Será ocupado por cosas familiares, tangibles y físicas, y personas totalmente corpóreas? La Biblia con claridad responde sí.
La doctrina bíblica de la Nueva Tierra implica algo sorprendente: que si queremos saber cómo será el Cielo final, nuestro hogar eterno, el mejor lugar para comenzar es mirando alrededor de nosotros. La Tierra presente es tanto un punto de referencia válido para imaginarnos la Nueva Tierra, como nuestros cuerpos presentes son un punto de referencia válido para imaginarnos nuestros cuerpos nuevos. No deberíamos atribuirle a la Nueva Tierra nada que sea malo en esta, pero, ¿no podemos imaginar lo que sería no estar perjudicados por la enfermedad y la muerte? ¿No podemos imaginar la belleza natural que no esté contaminada por la destrucción?
La idea de una Nueva Tierra como un lugar físico no es una invención de la imaginación humana a la que le falta perspicacia. En realidad, es la invención de un Dios supremo quien hizo a los seres humanos físicos para que vivieran en una Tierra física, y que escogió por sí mismo convertirse en hombre en esa misma Tierra. Él hizo esto para poder redimir a la humanidad y a la Tierra. ¿Por qué? Para glorificarse a sí mismo y disfrutar para siempre la compañía de los hombres y las mujeres en un mundo que ha hecho para nosotros.
Las tres fases de la historia de la tierra
Para tener una cosmovisión cristiana del mundo debemos tener un sentido de nuestro pasado, presente y futuro, y cómo se relacionan entre sí. Si no entendemos el plan original de Dios para la humanidad y la Tierra, no podemos entender su plan futuro. Sin lo que podríamos llamar los sujetalibros del pasado y el futuro en su lugar, el libro mismo —nuestra vida presente— no se podría mantener en pie.
El gráfico a continuación muestra las tres fases de la historia de la Tierra: el pasado de la humanidad en la Tierra original; nuestra experiencia presente en la Tierra caída; y nuestro futuro prometido en la Nueva Tierra.
El gráfico describe la historia humana y el destino humano. Demuestra la continuidad del pasado, presente y futuro, y la continuidad entre la vida en la antigua o presente Tierra y la vida en la Nueva Tierra. Al comparar cada serie de declaraciones usted verá las diferencias distintivas entre estos tres periodos. Lo aliento para que estudie este gráfico y contemple el significado de cada fase de la historia de la Tierra.
TRES ÉPOCAS DE LA HUMANIDAD Y LA TIERRA
| PASADO Génesis 1-2 |
PRESENTE Génesis 3-Apocalipsis 20 |
FUTURO Apocalipsis 21-22 |
|
| La humanidad original |
La humanidad caída; algunos creen y son transformados |
Humanidad resucitada |
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| La Tierra original |
La Tierra caída; con vestigios de la original |
Nueva Tierra (resucitada) |
|
| Dios delega el reino a la humanidad inocente |
Reino disputado con Dios, Satanás y la humanidad caída |
Dios delega el reino a la humanidad justa |
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| Se le da dominio a la humanidad, con la intención de la mayordomía sobre la Tierra |
El dominio del hombre desbaratado, frustrado y tergiversado |
El dominio de la humanidad cumplido; mayordomía redimida de la Tierra |
|
| Dios en el Cielo, visitando la Tierra |
Dios en el Cielo, separado pero todavía activo (mora en los creyentes por su Espíritu) |
Dios vivirá para siempre con la humanidad en la Nueva Tierra |
|
| No hay maldición (perfección universal y bendición) |
El pecado y la maldicion (se quita la bendición, o la bendición es dada en forma selectiva, además de gracia común) |
No hay maldición (mayores bendiciones, perfección más profunda, gracia sin fin) |
|
| No existe la vergüenza |
Vergüenza |
No existe la vergüenza ni la posibilidad de la vergüenza |
|
| Árbol de la vida en el Edén (la humanidad puede comer) |
El árbol de la vida en el paraíso (la humanidad es expulsada) |
El árbol de la vida en la Nueva Jerusalén (la humanidad puede comer de nuevo para siempre) |
|
| Rio de la vida | Los ríos y la naturaleza, con vestigios del pasado y del futuro |
El río de la vida fluye del trono |
|
| Antes de la redención | Se desarrolla el drama de la redención |
Después de la redención | |
| No se conocía el pecado | El pecado corrompe; su poder y paga son asaltados, derrotados por Cristo |
El pecado para siempre eliminado |
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| No había muerte | La muerte se infiltra en todo |
La muerte para siempre eliminada |
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| La humanidad creada de la tierra |
La humanidad muere, regresa a la tierra; nueva vida a algunos |
La humanidad resucitada de la tierra para vivir en la Nueva Tierra |
|
| Reina el primer Adán | El primer Adán cae; la humanidad reina corruptamente, con vestigios del bien; viene el segundo Adán |
El segundo Adán reina como Dios-hombre, con la humanidad como coherederos y reyes delegados |
|
| La serpiente, Satanás, en la Tierra |
La serpiente, Satanás, juzgado pero todavía presente en la Tierra |
La serpiente, Satanás, quitado de la Tierra y arrojado en el fuego eterno |
|
| Dios camina con los seres humanos en el huerto |
Los humanos son expulsados de la presencia de Dios |
Dios mora cara a cara con los seres humanos |
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| La gloria de Dios es evidente para todos, en todo |
La gloria de Dios es oscurecida, se ve en vistazos |
La gloria de Dios manifestada para siempre en todo |
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| Adoración individual sin impedimentos |
La adoración es obstaculizada por el pecado |
Adoración corporativa sin obstáculos |
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| Se conoce la bondad de Dios |
Algunos conocen la bondad de Dios; otros la dudan |
La bondad de Dios es celebrada para siempre |
|
| La creación y la humanidad perfectas |
La creación y la humanidad contaminadas por el pecado |
La creación y la humanidad restauradas a la perfección |
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| El hombre les pone nombre, atiende y gobierna a los animales |
Los animales y los seres humanos se hieren mutuamente |
Los animales y los seres humanos viven en perfecta armonía |
|
| El suelo es fertíl, la vegetación es exuberante |
El suelo es maldecido, la vegetación enferma |
El suelo es fértil, la vegetación prospera |
|
| Agua y comida en abundancia |
Hambre y sed, trabajo duro por la comida y el agua |
Comida y agua en abundancia |
|
| Descanso, satisfacción en el trabajo |
Inquietud, esfuerzo en el trabajo |
Descanso intensificado, gozo en el trabajo |
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| Inocencia, acercamiento a Dios |
Pecado (separación de Dios); algunos son declarados justos en Cristo |
Justicia (intimidad con Dios); justicia completa en Cristo |
|
| El paraíso |
El paraíso perdido, buscadoo; se ven vistazos, anticipos |
El paraíso el recuperado y magnificado |
|
| La humanidad en un lugar ideal |
La humanidad es expulsada, lucha y deambula en lugares caídos |
El hombre es restaurado al lugar ideal |
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| La humanidad puede pecar o no pecar |
La humanidad esclavizada al pecado, se le da poder para no pecar |
La humanidad incapaz de pecar, se le da poder permanente |
|
| Desnudos en su inocencia |
Vestida debido a la maldad |
Vestida de justicia |
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| Un matrimonio (Adán y Eva) |
Muchos matrimonios |
Un matrimonio (Cristo y la iglesia) |
|
| El matrimonio es perfecto |
El matrimonio es afectado por el pecado, y la culpa y la manipulación |
El matrimonio es perfecto, sin impedimentos |
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| El comienzo de la cultura humana |
Contaminación y avance de la cultura |
La cultura es purificada y expandida eternamente |
|
| La humanidad aprende, crea en pureza |
La humanidad aprende, crea en impureza (Caán, Babel) |
La humanidad aprende, crea en sabiduría y pureza |
|
| La humanidad reina y expande el paraíso |
La humanidad es expulsada del paraíso, anhela regresar al paraíso |
La humanidad tiene acceso libre e ilimitado al paraíso |
|
| El plan de Dios para la humanidad y la Tierra es revelado |
El plan de Dios es demorado y enriquecido |
Se cumple el plan de Dios para la humanidad y la Tierra |
En Génesis 3, la primera transición radical de la Tierra (la caída del hombre y el primer juicio) se puede ver en uno de los “sujetalibros” de la historia humana. En Apocalipsis 20, vemos el segundo sujetalibros en la última transición radical en la Tierra (el retorno de Cristo y el último juicio), creando un cuadro de gran simetría.
En Génesis, Dios coloca el huerto en la Tierra; en Apocalipsis, Él baja a la Nueva Jerusalén, con un jardín en su centro, a la Nueva Tierra. En el Edén no hay pecado, muerte o maldición; en la Nueva Tierra no hay más pecado, muerte o maldición. En Génesis, el Redentor es prometido; en Apocalipsis, el Redentor regresa. Génesis relata la historia del paraíso perdido; Apocalipsis relata la historia del paraíso recuperado. En Génesis, la mayordomía de la humanidad se malogra; en Apocalipsis, la mayordomía de la humanidad es triunfante, capacitada por el humano y divino Rey Jesús.
Estos paralelos son demasiado notables para ser otra cosa que deliberados. Estas imágenes reflejas demuestran la perfecta simetría del plan de Dios. Nosotros vivimos en el tiempo entre-medio, escuchando los ecos del Edén y las pisadas de la Nueva Tierra que se aproximan.
Paul Marshall concluye: “Este mundo es nuestro hogar, fuimos hechos para vivir aquí. Ha sido devastado por el pecado, pero Dios planea arreglarlo. Por lo tanto, esperamos con gozo los cuerpos nuevos restaurados y vivir en un cielo y tierra recientemente restaurados. Podemos amar este mundo porque es de Dios y será sanado, llegando a ser finalmente lo que Dios quiso que fuera al principio”.9
La Tierra es importante, nuestros cuerpos son importantes, los animales y los árboles son importantes, la materia es importante, porque Dios creó todo eso y quiere que todo eso manifieste su gloria. Y como veremos en el siguiente capítulo, el Dios que creó esas cosas no las ha dejado de lado, como tampoco nos ha dejado de lado a nosotros.
References
| ↑1 | Douglas Connelly, The Promise of Heaven: Discovering Our Eternal Home [La promesa del Cielo: Descubriendo nuestro hogar eterno] (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 2000), 120. |
|---|---|
| ↑2 | Ibid., 121. |
| ↑3 | Paul Marshall con Lela Gilbert, Heaven Is Not My Home: Learning to Live in God’s Creation [El Cielo no es mi hogar: Aprendiendo a vivir en la creación de Dios] (Nashville: Word, 1998), 11. |
| ↑4 | Gary Moon, Homesick for Eden [Nostalgia por el Edén] (Ann Arbor, Mich.: Servant Publications, 1997). |
| ↑5 | John Eldredge, The Journey of Desire: Searching for the Life We’ve Only Dreamed Of [El viaje del deseo: Buscando la vida que solo hemos soñado] (Nashville: Nelson, 2000), 104–5. |
| ↑6 | Millard Erickson, Christian Theology [Teología cristiana] (Grand Rapids: Baker, 1998), 1232. |
| ↑7 | Donald Guthrie, New Testament Theology [Teología del Nuevo Testamento] (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1981), 880. |
| ↑8 | Walton J. Brown, Home at Last [En casa al fin] (Washington, D.C.: Review and Herald, 1983), 145. |
