6: Es un lugar físico el cielo intermedio?

Debido a que la entrada del mundo mayor es ancha y segura,
los que ven la penuria y el dolor de los cuales han sido liberados
deben maravillarse extraordinariamente cuando son recibidos en esas
moradas grandes con gozo e inmortalidad. —Amy Carmichael

Después de haber leído uno de mis libros un misionero me escribió, profundamente perturbado de que yo pensara que el Cielo pudiera ser un lugar físico. No le importó cuantos pasajes bíblicos le señalé en nuestra correspondencia. A él le habían enseñado siempre que el Cielo era “espiritual” y por lo tanto no físico. Sugerir algo diferente, en su mente, era una herejía.

Mi preocupación no fue tanto que él creyera que el Cielo presente no es físico. Más bien fue que él parecía convencido de que si el Cielo era físico, sería menos sagrado. Él veía lo físico y lo espiritual como opuestos.

La Nueva Tierra física será nuestra morada final, pero hasta entonces no nos debería sorprender si Dios escoge proveer un lugar de espera que también es físico. Para existir como seres humanos ocupamos espacio. Parece razonable concluir que el espacio que ocupamos sería físico. Si el Cielo intermedio presente es un lugar donde Dios, los ángeles y los humanos moran, tiene sentido que el Cielo fuera adaptado para la humanidad, porque Dios no necesita adaptación. Sabemos que los ángeles pueden existir en un mundo físico porque existen en este mundo, no solo en el Cielo. De hecho, a veces los ángeles, tal vez con frecuencia, toman forma humana (Hebreos 13:2).

¿Por qué nos resistimos tanto a la idea de que el Cielo pudiera ser físico? Yo creo que la respuesta está centrada en una creencia no bíblica de que el reino espiritual es bueno y el material es malo, una perspectiva que yo estoy llamando cristoplatonismo. Voy a resumir esta creencia que se cierne como una nube oscura sobre la perspectiva común del Cielo.

Platón, el filósofo griego, creía que las cosas materiales, incluyendo el cuerpo humano y la Tierra, son malas, mientras que las cosas inmateriales como al alma y el Cielo son buenas. Esta perspectiva se llama platonismo. La iglesia cristiana, muy influenciada por el platonismo a través de las enseñanzas de Filón (alrededor del 20 A.C. al 50 A.D.) y Orígenes (185–254 A.D.), entre otros, llegó a adoptar la perspectiva “espiritual” de que los espíritus humanos están mejor sin los cuerpos y que el Cielo es un estado incorpóreo. Rechazaban la noción del Cielo como un reino físico y espiritualizaban o descuidaban por completo la enseñanza bíblica sobre personas resucitadas habitando una Tierra resucitada.

El cristoplatonismo ha tenido un efecto devastador en nuestra habilidad para entender lo que la Biblia dice en cuanto al Cielo, en particular acerca del Cielo eterno, la Nueva Tierra. Un buen cristiano me dijo: “Esta idea de tener cuerpos y de comer comida y de estar en un lugar terrenal . . . suena como tan inespiritual”. Sin saberlo, él estaba bajo la influencia del cristoplatonismo. Si creemos, aun subconscientemente, que los cuerpos y la Tierra y las cosas materiales no son espirituales, aun malas, entonces inevitablemente rechazaremos o espiritualizaremos toda revelación bíblica acerca de nuestra resurrección corporal o de las características físicas de la Nueva Tierra. Eso es exactamente lo que ha pasado en la mayoría de las iglesias cristianas y es una razón importante de nuestro fracaso en cuanto a aceptar la doctrina bíblica del Cielo.

En Hebreos 12:22 se nos dice que la Nueva Jerusalén que será traída a la Nueva Tierra actualmente está en el Cielo intermedio o presente. Si sabemos que la Nueva Jerusalén va a estar físicamente en la Nueva Tierra, y también sabemos que está en el Cielo presente, ¿no sugiere eso que la Nueva Jerusalén es realmente física? ¿Por qué no habría de serlo? A menos que comencemos con una suposición de que el Cielo no puede ser físico, parece que esta evidencia nos persuadiría de que es en verdad físico.

¿Tiene la gente cuerpos intermedios en el cielo presente?

A diferencia de Dios y de los ángeles, que son en esencia espíritus ( Juan 4:24; Hebreos 1:14), por naturaleza los seres humanos son a la vez espirituales y físicos (Génesis 2:7). Dios no creó a Adán como un espíritu y lo colocó dentro de un cuerpo. Más bien, primero creó un cuerpo y después sopló un espíritu en dicho cuerpo. Nunca hubo un momento en el que un ser humano existió sin un cuerpo. Los estudios neurofisiológicos revelan una conexión íntima entre el cuerpo y lo que históricamente ha sido llamado el alma —que incluye la mente, las emociones, la voluntad, la intencionalidad y la capacidad de adorar. Parece ser que no somos esencialmente espíritus que habitan en cuerpos, sino que esencialmente somos tanto físicos como espirituales. No podemos ser completamente humanos sin ambos, un espíritu y un cuerpo.

Dadas las descripciones físicas consecuentes del Cielo presente y de aquellos que habitan allí, parece posible —aunque esto es ciertamente debatible— que entre nuestra vida terrenal y nuestra resurrección corporal, Dios puede concedernos una forma física que nos permitirá funcionar como seres humanos mientras estemos en ese estado no natural esperando nuestra resurrección. Se describe a los mártires en el Cielo usando ropa (Apocalipsis 6:9-11). Los espíritus incorpóreos no usan ropa. Muchos consideran esta ropa como puramente simbólica de estar cubiertos por la justicia de Cristo. También podría ser ropa verdadera con significado simbólico, al igual que el Arca del pacto tenía significado simbólico pero también era un objeto real y físico.

Si a los que están en el Cielo se les conceden formas temporales —y lo reconozco solo como una posibilidad— de ninguna forma disminuiría la absoluta necesidad o la importancia crítica de nuestra futura resurrección corporal, la cual establece Pablo enfáticamente en 1 Corintios 15:12-32. De hecho, solo sería sobre las bases de la certidumbre de una futura resurrección que se darían cuerpos temporales —al igual que en los tiempos del Antiguo Testamento la certeza de la muerte futura de Cristo y su resurrección permitieron a aquella gente, que de otra forma hubieran ido al Infierno, entrar al paraíso.

Un artículo fundamental de la fe cristiana es que el Cristo resucitado ahora vive en el Cielo. Se nos dice que su cuerpo resucitado en la Tierra era físico y que ese mismo Jesús físico ascendió al Cielo, del cual un día regresará a la Tierra (Hechos 1:11). Entonces, parece irrefutable decir que por lo menos hay un cuerpo físico en el Cielo presente.

Si el cuerpo de Cristo en el Cielo presente tiene propiedades físicas, es razonable pensar que otros cuerpos puedan tener también formas físicas, aun si son solo formas temporales. También tiene sentido que otros aspectos del Cielo presente tuvieran propiedades físicas —de manera que, cuando Cristo es visto de pie a la mano derecha de Dios (Hechos 7:56), en realidad está parado en algo. De otra forma tendríamos que concluir que el Cristo resucitado (y por lo tanto encarnado) ha estado flotando por dos mil años en un reino sin sustancia material.

La presencia física de Moisés y de Elías en la transfiguración (Lucas 9:28-36) parece demostrar que algunas veces Dios crea cuerpos intermedios para habitar antes de la resurrección de los muertos —aun si solo para Moisés y Elías, y solamente mientras estuvieron en la Tierra. La pregunta es si estos cuerpos temporales fueron concedidos solo a Moisés y Elías mientras estaban en la montaña, o si cuerpos temporales les son concedidos a todos en el Cielo presente.

En su relato del hombre rico y Lázaro en Lucas 16:19-31, Jesús les atribuye propiedades físicas a las personas que han muerto. Él habla de la sed del hombre rico, su lengua y del dedo de Lázaro. Aunque esto puede ser figurativo, no deberíamos descartar la posibilidad de que tales figuras del lenguaje tienen la intención de describir una vida después de la muerte que es física.