5: ¿Cuál es la naturaleza del cielo presente?

Pippin: “No creí que iba a terminar de esta manera.”
Gandalf: “¿Terminar? No, el viaje no termina aquí. La muerte es sólo otro sendero…
Uno que todos debemos tomar. La cortina gris de lluvia de este mundo se abre y todo
se vuelve cristal plateado… y entonces lo ves.”
Pippin: “¿Qué? ¿Gandalf? ¿Qué es lo que veo?”
Gandalf: “Riberas blancas… y más allá. El país verde lejano bajo la radiante luz del sol.”
Pippin: “Bueno, eso no es tan malo.”
Gandalf: “No… no lo es.”

—El Retorno del Rey, película de Peter Jackson

El apóstol Pablo consideró que era de suprema importancia que supiéramos lo que sucede cuando morimos: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza” (1 Tesalonicenses 4:13, rv60).

Al usar el eufemismo “los que duermen”, Pablo habla de los que han muerto. Si estamos vivos al retorno de Cristo, él nos asegura que “seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:17-18, rv60).

La mayor parte de este libro tratará sobre el Cielo eterno, el lugar en el que viviremos eternamente después de la resurrección final. Pero debido a que todos tenemos seres amados que han muerto, y nosotros también moriremos a menos que Cristo regrese antes, deberíamos considerar lo que las Escrituras enseñan en cuanto al Cielo presente, el lugar al que van los creyentes cuando mueren.

La naturaleza temporal del cielo presente

Cuando un creyente muere, él o ella entra a lo que los teólogos llaman un estado intermedio, un período de transición entre nuestra vida pasada en la Tierra y nuestra futura resurrección a la vida en la Nueva Tierra. Por lo general cuando nos referimos al “Cielo”, queremos decir el lugar al que van los creyentes cuando mueren. A este lugar es al que llamo el Cielo presente o intermedio. Cuando les decimos a nuestros hijos: “Abuela está ahora en el Cielo”, nos estamos refiriendo al Cielo presente.

Por definición, un estado o un lugar intermedio es temporal. La vida en el Cielo al que vamos cuando morimos, donde vamos a morar antes de nuestra resurrección corporal, es “mucho mejor” que vivir aquí en la Tierra bajo la maldición, lejos de la presencia directa de Dios (Filipenses 1:23). Sin embargo, el Cielo intermedio o presente no es nuestro destino final. Aunque será un lugar maravilloso, el Cielo presente no es el lugar para el cual hemos sido hechos —el lugar que Dios promete rehacer para nosotros para que vivamos allí para siempre. Los hijos de Dios están destinados para vivir como seres resucitados en una Tierra resucitada.

¿Viviremos en el cielo para siempre?

La respuesta a la pregunta: ¿Viviremos en el Cielo para siempre? depende de lo que queremos decir por Cielo. ¿Estaremos con el Señor para siempre? ¡Por supuesto que sí! ¿Vamos a estar con Él en el mismo lugar exacto que el Cielo es ahora? No. En el Cielo presente vamos a estar en la presencia de Cristo y estaremos gozosos, pero estaremos esperando nuestra resurrección corporal y nuestro traslado permanente a la Nueva Tierra.

Vale la pena repetirlo porque es tan comúnmente entendido mal: Cuando muramos, los creyentes en Cristo no iremos al Cielo en el cual viviremos para siempre. En cambio, iremos a un Cielo intermedio. En ese Cielo —en el que están ahora aquellos que murieron cubiertos por la sangre de Cristo—, esperaremos la hora del retorno de Cristo a la Tierra, nuestra resurrección corporal, el juicio final y la creación de los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra.

Tal vez parezca extraño decir que el Cielo al que vamos cuando morimos no es eterno y, sin embargo, es cierto. “Los creyentes a menudo hablan de vivir con Dios ‘en el cielo’ para siempre”, escribe el teólogo Wayne Grudem. “Pero en realidad la enseñanza bíblica es mucho más profunda que eso: Nos dice que habrán nuevos cielos y una nueva tierra —una creación completamente nueva— y viviremos con Dios allí. . . . También habrá una nueva clase de unificación de cielo y tierra. . . . Habrá una unión del cielo y la tierra en esta nueva creación”.[1]Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine [Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica] (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 1158.

Suponga que usted vive en un refugio para personas sin hogar en Miami. Un día, hereda una hermosa casa, completamente amueblada, en el costado de una colina que tiene vista a la ciudad de Santa Bárbara, California. Con la casa le llega un trabajo fantástico, algo que usted siempre quiso. No solo eso, sino que también estaría cerca de miembros cercanos de su familia que se mudaron allí desde Miami hace muchos años.

En su vuelo a Santa Bárbara cambia de avión en Dallas, adonde va a pasar una tarde. Algunos miembros de su familia, a quienes no ha visto por años, se encontrarán con usted en el aeropuerto de Dallas y subirán a bordo del avión para ir con usted a Santa Bárbara. Usted está ansioso por verlos.

Ahora bien, cuando el agente de pasajes en Miami le pregunta: “¿A dónde va?”, ¿le respondería usted “a Dallas”? No, usted le diría a Santa Bárbara, porque ése es su destino final. Si menciona Dallas, solo diría: “Voy a Santa Bárbara y paso por Dallas”.

Cuando les habla a sus amigos sobre adónde va a ir a vivir, ¿enfocaría la conversación en Dallas? No. Tal vez ni mencione Dallas, aunque va a estar en Dallas por muchas horas. Aun si pasara una semana en Dallas, no sería su enfoque. Dallas es solo una parada en el camino. Su destino verdadero —su nuevo hogar permanente— es Santa Bárbara.

De manera similar, el Cielo al que iremos cuando muramos, el Cielo presente, es un lugar de morada temporal, una parada en el camino hacia nuestro destino final: la Nueva Tierra.

Otra analogía es más precisa pero más difícil de imaginar, porque para la mayoría se encuentra fuera de nuestra experiencia. Imagínese que deja el refugio para personas sin hogar en Miami y que vuela al destino intermedio, Dallas, y luego se da vuelta y regresa a su hogar, a su lugar de origen, el cual ha sido completamente remodelado —un Miami nuevo. En este nuevo Miami, usted ya no va a vivir en un refugio para personas sin hogar, sino en una casa hermosa en una ciudad sin contaminación ambiental, sin crimen y sin pecado. Así que usted estaría viviendo no en una casa nueva, sino en una versión de su antigua casa completamente mejorada.

Esto es lo que la Biblia nos promete, que viviremos con Cristo y con los otros para siempre, no en el Cielo intermedio o presente, sino en la Nueva Tierra, donde Dios estará en casa con sus hijos.

Cuando hablamos de la futura Nueva Tierra, como haremos en la mayor parte de este libro, mucho de lo que decimos acerca de ella no será cierto del Cielo intermedio. (Por ejemplo, comeremos y beberemos en nuestros cuerpos resucitados en la Nueva Tierra, pero eso no quiere decir que las personas comen y beben en el Cielo presente.) Y cuando describimos al Cielo presente, no corresponderá necesariamente con el Cielo eterno, que será la Nueva Tierra. Una vez que dejamos de lado nuestra suposición de que el Cielo no puede cambiar, todo tiene sentido. Dios no cambia; Él es inmutable. Pero Dios dice claramente que el Cielo sí cambiará. Finalmente será trasladado a la Nueva Tierra (Apocalipsis 21:1). En forma similar, el lugar al que ahora nos referimos como Infierno va a ser trasladado. Después del juicio del gran trono blanco, el Infierno va a ser arrojado al lago de fuego eterno (Apocalipsis 20:14-15).

Cómo distinguir el cielo presente y el cielo futuro

Las preguntas: “¿Cómo es el Cielo?”, y “¿Cómo será el Cielo?” tienen dos respuestas diferentes. El Cielo presente, el intermedio, se encuentra en el reino angelical, separado claramente de la Tierra (aunque como veremos, posiblemente teniendo más cualidades físicas de las que suponemos). En contraste, el Cielo futuro va a ser en el reino humano, en la Tierra. Entonces, el lugar de morada de Dios también va a ser el lugar de morada de la humanidad, en un universo resucitado: “Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva. . . . Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo procedente de Dios. . . . Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios . . .»” (Apocalipsis 21:1-3). El Cielo, el lugar de la morada de Dios, un día estará en la Nueva Tierra.

Fíjese que la Nueva Jerusalén, que estaba en el Cielo, descenderá del Cielo de Dios. ¿Adónde va? A la Nueva Tierra. Desde ese momento en adelante, “la morada de Dios” va a ser con la humanidad redimida en la Tierra.

Algunos debatirían que la Nueva Tierra no debería ser llamada Cielo. Pero me parece claro que, si por definición el lugar especial de morada de Dios es el Cielo, y se nos dice que “la morada de Dios” va a ser con la humanidad en la Tierra, entonces el Cielo y la Nueva Tierra serán esencialmente el mismo lugar. Se nos dice que “el trono de Dios y del Cordero” está en la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:1). De nuevo parece claro que dondequiera que Dios more con su pueblo y se siente en su trono sería llamado Cielo.

Estoy de acuerdo con el teólogo Anthony Hoekema, quien escribe: “La ‘nueva Jerusalén’ no se queda en un ‘cielo’ muy lejos en el espacio, sino que baja a la tierra renovada; allí los redimidos pasarán la eternidad en cuerpos resucita- dos. Así que el cielo y la tierra, ahora separados, entonces se unirán: La Nueva Tierra también será el cielo, puesto que Dios morará allí con su pueblo. En otras palabras, los creyentes glorificados continuarán estando en el cielo mientras están habitando la Nueva Tierra”.[2]Anthony A. Hoekema, “Heaven: Not Just an Eternal Day Off ” [“El Cielo: No solo un eterno día feriado”], Christianity Today (6 de junio de 2003), … Continue reading

Que Dios bajara a la Nueva Tierra para vivir con nosotros encaja perfecta- mente con su plan original. Dios hubiera podido llevar a Adán y a Eva a estar con Él en su mundo. En cambio, Él bajó para caminar con ellos en el mundo de ellos (Génesis 3:8). Jesús dice que a cualquiera que sea su discípulo “mi Padre le amará y haremos nuestra vivienda en él” ( Juan 14:23). Esta es una figura del plan final de Dios —no llevarnos a vivir en un reino hecho para Él, sino bajar y vivir con nosotros en el reino que Él hizo para nosotros.

La mayor parte de las perspectivas del Cielo son contrarias a la encarnación. Fallan en captar que el Cielo será Dios viviendo con nosotros —su pueblo resucitado— en la Tierra resucitada. La encarnación se refiere a Dios habitando un espacio y un tiempo como un ser humano —los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra son en cuanto a Dios haciendo el espacio y el tiempo su hogar eterno. Al igual que Jesús es Dios encarnado, la Nueva Tierra será el Cielo encarnado. Piense en lo que nos dice Apocalipsis 21:3 —Dios va a trasladar a su pueblo y va a venir del Cielo a la Nueva Tierra para vivir con ellos. “Dios mismo estará con ellos”. En lugar de que nosotros subamos a vivir en el hogar de Dios para siempre, Dios descenderá para vivir en nuestro hogar para siempre. Para decirlo sencillamente, a pesar de que el Cielo presente está “allá arriba”, el Cielo eterno y futuro estará “aquí abajo”. Si dejamos de ver esa distinción, no podemos entender el plan de Dios, ni podemos imaginar cómo será nuestra vida eterna.

¿Permanecemos conscientes después de la muerte?

“Volverá entonces el polvo a la tierra, como antes fue, y el espíritu volverá a Dios, que es quien lo dio” (Eclesiastés 12:7). En la muerte, el espíritu humano va al Cielo o al Infierno. Cristo describió a Lázaro y al hombre rico como conscientes en el Cielo y el Infierno inmediatamente después que murieron (Lucas 26:22-31). Jesús le dijo al ladrón que moría en la cruz: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). El apóstol Pablo dijo que morir era estar con Cristo (Filipenses 1:23), y que estar ausente del cuerpo era estar presente con el Señor (2 Corintios 5:8). Después de su muerte, los mártires son descritos en el Cielo, clamando a Dios para traer justicia en la Tierra (Apocalipsis 6:9-11).

Estos pasajes dejan claro que no existe cosa tal como “un alma que duerme”, o un largo período de inconsciencia entre la vida en la Tierra y la vida en el Cielo. La frase “los que duermen” (en 1 Tesalonicenses 4:13 y pasajes similares) es un eufemismo para la muerte que describe la apariencia exterior del cuerpo. La partida del espíritu del cuerpo termina nuestra existencia en la Tierra. Nuestra parte física “duerme” hasta la resurrección, mientras que nuestra parte espiritual se traslada a una existencia consciente en el Cielo (Daniel 12:2-3; 2 Corintios 5:8). Algunos pasajes del Antiguo Testamento (por ejemplo Eclesiastés 9:5) tratan de la apariencia exterior y no reflejan la plenitud de la revelación de Nuevo Testamento concerniente al traslado inmediato y a estar conscientes después de la muerte.

Todas las referencias en Apocalipsis a seres humanos que hablan y adoran en el Cielo antes de la resurrección de los muertos demuestran que nuestros seres espirituales están conscientes, no durmiendo, después de la muerte.

Cuando morimos, enfrentamos un juicio de fe. El resultado de este juicio determinará si vamos al Cielo presente o al Infierno presente. Si hemos aceptado la muerte expiatoria de Cristo por nosotros, iremos al Cielo.

¿Es el cielo presente parte de nuestro universo o de otro?

El Cielo presente generalmente es invisible para los que viven en la Tierra. Para aquellos que tienen dificultad en aceptar la realidad de un reino invisible, consideren la perspectiva de investigadores destacados que apoyan la teoría de línea. Los científicos en Yale, Princeton y Stanford, entre otros, postulan que hay diez dimensiones inobservables y posiblemente un número infinito de universos imperceptibles. Si esto es lo que creen los científicos que están a la vanguardia, ¿por qué debería alguien sentirse cohibido en cuanto a creer en una dimensión inobservable, un reino que contiene ángeles y el Cielo y el Infierno? [3]“Sight Unseen”, World (8 de noviembre de 2003): 13; vea el artículo “One Unseen Divinity? Ridiculous! Billions of Unseen Universes? Sure, Why Not?”, … Continue reading

La Biblia enseña que algunas veces a los seres humanos se les permite ver el Cielo. Cuando estaban apedreando a Esteban por causa de su fe, él elevó los ojos al Cielo: “Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo y vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios. ‘¡Veo el cielo abierto’, exclamó, ‘y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios!’ ” (Hechos 7:55-56). Las Escrituras no nos dicen que Esteban lo soñó, sino que realmente lo vio.

Wayne Grudem señala que Esteban “no vio simplemente símbolos de un estado de existencia. Fue más bien que sus ojos fueron abiertos para ver una dimensión espiritual de la realidad, la cual Dios ha escondido de nosotros en esta era presente, una dimensión que no obstante existe en nuestro universo de tiempo y espacio, y dentro de la cual Jesús vive ahora en su cuerpo físico resucitado, esperando aun ahora el momento en el que va a regresar a la tierra”. [4]Grudem, Systematic Theology [Teología sistemática], 1159.

Estoy de acuerdo con Wayne Grudem de que el Cielo presente es un universo de tiempo y espacio. Él puede estar en lo cierto en cuanto a que es parte de nuestro propio universo, o puede estar en un universo diferente. Podría ser un universo al lado del nuestro que normalmente está oculto, pero que a veces es abierto. Cualquiera sea el caso, parece posible que Dios no creó simplemente una visión para Esteban para hacer que el Cielo pareciera físico. Más bien, Él le permitió a Esteban ver un Cielo intermedio que era (y es) físico.

El profeta Eliseo le pidió a Dios que le diera a su siervo Guiezi una vislumbre del reino invisible. “Entonces Eliseo oró: «Señor, ábrele los ojos a Guiezi para que vea.» El Señor así lo hizo, y el criado vio que la colina estaba llena de caballos y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:17). Se podría argumentar que esos caballos y carros (con guerreros angélicos) existen a nuestro lado en nuestro universo, pero que normalmente no los vemos. O pueden estar en un universo al lado del nuestro que se abre en el nuestro.

Debido a que la pregunta de la naturaleza física del Cielo presente es importante y controversial, la vamos a presentar con más detalles en el próximo capítulo.

References

References
↑1 Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine [Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica] (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 1158.
↑2 Anthony A. Hoekema, “Heaven: Not Just an Eternal Day Off ” [“El Cielo: No solo un eterno día feriado”], Christianity Today (6 de junio de 2003), http://www.christianitytoday.com/ct/2003/juneweb-only/6-2-54.0.html.
↑3 “Sight Unseen”, World (8 de noviembre de 2003): 13; vea el artículo “One Unseen Divinity? Ridiculous! Billions of Unseen Universes? Sure, Why Not?”, http://www.frostcloud.com/forums/threads/one-unseen-divinity-ridiculous-billions-of-unseen-universes-sure-why-not.14285/page-8.
↑4 Grudem, Systematic Theology [Teología sistemática], 1159.