7: ¿Cómo es la vida en el cielo intermedio?

Cuando era niño, el pensamiento del Cielo solía asustarme
más que el pensamiento del infierno. Yo me imaginaba al Cielo como un
lugar donde el tiempo sería domingos eternos, con servicios eternos
de los que no habría escapatoria. —David Lloyd George

Podemos aprender mucho acerca del Cielo presente de tres versículos clave en Apocalipsis: “Cuando el Cordero rompió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sufrido el martirio por causa de la palabra de Dios y por mantenerse fieles en su testimonio. Gritaban a gran voz: «¿Hasta cuándo, Soberano Señor, santo y veraz, seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra muerte?» Entonces cada uno de ellos recibió ropas blancas, y se les dijo que esperaran un poco más, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a sufrir el martirio como ellos” (6:9-11).

Ofrezco veintiún breves observaciones en cuanto a este pasaje:

  1. Cuando esas personas murieron en la Tierra, fueron trasladadas al Cielo (v. 9).
  2. Estas personas en el Cielo fueron las mismas que perdieron la vida por causa de Cristo mientras estaban en la Tierra (v. 9). Esto demuestra directamente la continuidad entre nuestra identidad en la Tierra y nuestra identidad en el Cielo. La historia personal de los mártires se extiende directamente a sus vidas en la Tierra. Los que están en el Cielo presente no son personas diferentes; son las mismas personas trasladadas —“los justos que han llegado a la perfección” (Hebreos 12:23).
  3. La gente en el Cielo será recordada por su vida en la Tierra. Esas personas eran conocidas e identificadas como las que fueron muertas “por mantenerse fieles en su testimonio” (v. 9).
  4. La expresión “a gran voz” (v. 10) significa que podían expresarse en forma audible. Esto podría sugerir que existen en forma física, con cuerdas vocales y otros medios tangibles para expresarse.
  5. La gente en el Cielo presente puede levantar sus voces (v. 10). Esto indica que son seres racionales, comunicativos y emocionales —aun apasionados—, al igual que la gente en la Tierra.
  6. Gritaron “a gran voz”; no dice “grandes voces”. El que los individuos hablen a una voz indica que el Cielo es un lugar de unidad y de una perspectiva compartida.
  7. Los mártires están completamente conscientes, racionales y están conscientes de los demás, de Dios y de la situación en la Tierra.
  8. Le piden a Dios que intervenga en la Tierra y que actúe a favor de ellos: “¿Hasta cuándo . . . seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra muerte?” (v. 10).
  9. Los que están en el Cielo tienen la libertad de formularle preguntas a Dios, lo que significa que tienen una audiencia con Dios. También significa que quieren saber. En el Cielo, la gente desea entender y es algo que buscan.
  10. Las personas en el Cielo presente saben lo que está sucediendo en la Tierra (v. 10). Los mártires saben lo suficiente como para darse cuenta de que los que los mataron aun no han sido juzgados.
  11. Los habitantes del Cielo tienen una profunda preocupación por la justicia y la retribución (v. 10). Cuando vayamos al Cielo no adoptaremos un desinterés pasivo sobre lo que sucede en la Tierra. Al contrario, nuestras preocupaciones van a ser más apasionadas y nuestra sed de justicia será mayor. Ni Dios ni nosotros vamos a estar satisfechos hasta que sus enemigos sean juzgados, nuestros cuerpos resucitados, el pecado y Satanás derrotados, la Tierra restaurada y Cristo sea exaltado sobre todo.
  12. Los mártires recuerdan con claridad sus vidas en la Tierra (v. 10). Inclusive recuerdan que fueron asesinados.
  13. Los mártires en el Cielo oran por el juicio de sus perseguidores que todavía están activos dañando a otros. Los mártires están actuando en solidaridad, intercediendo por los santos que sufren en la Tierra. Esto sugiere que los santos en el Cielo están tanto viendo como orando por los santos en la Tierra.
  14. Los que están en el Cielo ven los atributos de Dios (“Soberano . . . santo y veraz”) de una forma que hace que su juicio del pecado sea más comprensible.
  15. Los que están en el Cielo son individuos distintos: “Entonces cada uno de ellos recibió ropas blancas” (v. 11). No hay una identidad fusionada que anula la singularidad, la originalidad, sino un señalado “cada uno de ellos”.
  16. Que los mártires usen ropas blancas sugiere la posibilidad de formas realmente físicas, porque se presume que los espíritus incorpóreos no usan ropa. Las ropas pueden tener significado simbólico, pero no quiere decir que no pudieran también ser físicas. Los mártires parecen tener formas físicas que Juan pudo ver realmente.
  17. Dios responde a la pregunta de ellos (v. 11), lo que indica comunicación y proceso en el Cielo. También demuestra que no vamos a saber todo en el Cielo —si lo supiéramos, no tendríamos preguntas. Los mártires supieron más después que Dios les respondió a su pregunta que antes de formularla. Hay enseñanza en el Cielo presente.
  18. Dios promete cumplir con el pedido de los mártires, pero dice que deben esperar “un poco más” (v. 11). Los que están en el Cielo presente viven en anticipación del cumplimiento futuro de las promesas de Dios. A diferencia del Cielo eterno —donde no habrá más pecado, maldición o sufrimiento, en la Nueva Tierra (Apocalipsis 21:4)— el Cielo presente coexiste con y observa una Tierra con pecado, maldición y sufrimiento.
  19. Existe el tiempo en el Cielo presente (v. 10-11). Los mártires vestidos de ropas blancas le formulan a Dios una pregunta que depende del tiempo: “¿Hasta cuándo, Soberano Señor . . . seguirás sin juzgar a los habitantes de la tierra y sin vengar nuestra sangre?” (v. 10). Están conscientes del paso del tiempo y están ansiosos por el día en que vendrá el juicio del Señor. Dios les responde que deben esperar “un poco más” hasta que ciertos eventos sucedan en la Tierra. Esperar requiere el paso del tiempo.
  20. El pueblo de Dios en el Cielo tiene una fuerte conexión familiar con las personas de la Tierra, quienes son llamadas “sus consiervos y hermanos” (v. 11). Compartimos el mismo Padre “de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra” (Efesios 3:15). No hay una pared de separación dentro de la novia de Cristo. Somos una familia con aquellos que han ido al Cielo antes que nosotros. Después de que vayamos al Cielo, todavía seremos una familia con aquellos que aún están en la Tierra. Estos versículos demuestran una conexión vital entre los eventos y la gente en el Cielo, y los eventos y la gente en la Tierra.
  21. Nuestro Dios soberano sabe hasta el detalle más pequeño de todo lo que está sucediendo y sucederá en la Tierra (v. 11), incluyendo cada gota de sangre derramada y cada uno de los sufrimientos que padecen sus hijos. La organización Voice of the Martyrs [La voz de los mártires] estima que más de 150.000 personas mueren todos los años por Cristo, lo que es un promedio de más de cuatrocientas por día. Dios sabe el nombre y la historia de cada una de ellas. Sabe exactamente cuántos mártires habrá y Él está preparado para retornar y establecer su reino cuando el último de los mártires muera.

He hecho estas observaciones sobre el Cielo presente basado en solo tres versículos. A menos que haya alguna razón para creer que las realidades de este pasaje se aplican solamente a un grupo de mártires y no a todos en el Cielo —y no veo tal indicación— entonces deberíamos asumir que lo que es cierto en cuanto a ellos también es cierto de nuestros seres queridos que ya están allí y será cierto de nosotros cuando muramos.

¿Recuerdan la vida en la tierra los habitantes del cielo?

Como hemos visto, los mártires que se describen en Apocalipsis 6 recuerdan con claridad por lo menos algo de lo que sucedió en la Tierra, incluyendo que pasaron por gran sufrimiento. Si ellos recuerdan su martirio, no hay razón para asumir que olvidarían otros aspectos de sus vidas terrenales. De hecho, es probable que todos recordemos mucho más en el Cielo de lo que recordamos en la Tierra, y probablemente podremos ver cómo Dios y los ángeles intervinieron a nuestro favor cuando no nos dimos cuenta.

Todos los que han sufrido cosas malas en la Tierra son consolados por ellas en el Cielo (Lucas 16:25). Este consuelo implica recuerdo de lo que ha pasado. Si no hubiera recuerdos de las cosas malas, ¿cuál sería la necesidad de o la naturaleza de tal consuelo?

Después de la muerte rendiremos cuenta de nuestras vidas en la Tierra, hasta de acciones y palabras específicas (2 Corintios 5:10; Mateo 12:36). Dado que tendremos mentes mejores y manera de pensar más clara, nuestra memoria debería ser más aguda —y no menos— en lo referente a nuestra vida en la Tierra. Por cierto que debemos recordar las cosas por las cuales tendremos que rendir cuentas. Debido a que seremos responsables por más de lo que recordamos actualmente, presumiblemente nuestra memoria va a ser mucho mejor.

La doctrina de las recompensas eternas descansa en acciones específicas de fe hechas en la Tierra que sobreviven al juicio del creyente y que son llevadas al Cielo con nosotros (1 Corintios 3:14). En el Cielo, el vestido de la novia representa “las acciones justas de los santos” hechas en la Tierra (Apocalipsis 19:7-8). Nuestras acciones justas en la Tierra no serán olvidadas sino que nos “acompañan” al Cielo (Apocalipsis 14:13). Las posiciones de autoridad y los tesoros que se nos concedan en el Cielo nos recordarán eternamente de nuestra vida en la Tierra, porque lo que hacemos en la Tierra nos ganará esas recompensas (Mateo 6:19-21; 19:21; Lucas 12:33; 19:17, 19; 1 Timoteo 6:19; Apocalipsis 2:26-28).

Dios guarda un registro en el Cielo de lo que la gente hace en la Tierra, tanto de los inconversos como de los creyentes. Sabemos que ese registro va a durar más que nuestra vida en la Tierra —para los creyentes, por lo menos hasta que comparezcamos ante el tribunal de Cristo (2 Corintios 5:10); para los inconversos, justo hasta antes del juicio ante el gran trono blanco (Apocalipsis 20:11-13), precediendo inmediatamente la llegada de los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra. Para los que ahora están en el Cielo esos registros de la vida en la Tierra todavía existen.

La memoria es un elemento básico de la personalidad. Si en verdad vamos a ser nosotros mismos en el Cielo, debe haber continuidad de la memoria desde la Tierra al Cielo. No vamos a ser personas diferentes, sino las mismas personas maravillosamente trasladadas y transformadas. El Cielo nos limpia pero no revisa ni extingue nuestros orígenes o historia.

¿Ve la gente en el cielo presente lo que está sucediendo en la tierra?

Si los mártires en el Cielo saben que Dios sigue sin juzgar a sus perseguidores (Apocalipsis 6:9-11), parece evidente que los habitantes del Cielo presente pueden ver lo que está sucediendo en la Tierra, por lo menos hasta cierto punto. Cuando cayó Babilonia, un ángel señala los acontecimientos que suceden en la Tierra y dice: “¡Alégrate, oh cielo, por lo que le ha sucedido! ¡Alégrense también ustedes, santos, apóstoles y profetas!, porque Dios, al juzgarla, les ha hecho justicia a ustedes” (Apocalipsis 18:20). El hecho de que el ángel se dirige específicamente a la gente que vive en el Cielo indica que están conscientes de lo que está sucediendo en la Tierra.

Además, hay “un tremendo bullicio, como el de una inmensa multitud que exclamaba: ¡Aleluya!”, y alababa a Dios por juicios que acababan de tener lugar en la Tierra (Apocalipsis 19:1-5). De nuevo los santos en el Cielo están observando claramente lo que sucede en la Tierra.

Cuando los santos en el Cielo regresan con Cristo para establecer su reino milenario (Apocalipsis 19:11-14), parece inconcebible imaginar que hubieran permanecido desconocedores de la culminación de la historia humana que estaba teniendo lugar en la Tierra. El cuadro de los santos en el Cielo, felices en su inconsciencia de lo que está aconteciendo en la Tierra, parece insustancial. Después de todo, Dios y sus ángeles (y los santos mismos) están a punto de regresar para la batalla final en la historia del universo, después de la cual Cristo será coronado Rey. Los que están en la Tierra pueden no saber lo que sucede en el Cielo, pero los que están en el Cielo no ignoran lo que pasa en la Tierra.

En el relato del Antiguo Testamento del rey Saúl, quien en forma inapropiada le pidió a la adivina de Endor que llamara a Samuel para que viniera del más allá, la médium se aterrorizó cuando Dios en realidad envió a Samuel. Es interesante notar que Samuel recordó lo que Saúl había hecho antes de la muerte de Samuel y que estaba consciente de lo que había sucedido desde su muerte (1 Samuel 28:16-19). Aunque Dios le podía haber informado a Samuel todo esto, parece probable que el profeta lo supiera simplemente porque los que están en el Cielo están conscientes de lo que sucede en la Tierra.

Cuando fueron llamados desde el Cielo para la transfiguración en la Tierra, Moisés y Elías “tenían un aspecto glorioso, y hablaban de la partida de Jesús, que él estaba por llevar a cabo en Jerusalén” (Lucas 9:31). Parecían completamente conscientes del drama al que habían entrado, de lo que estaba ocurriendo en ese momento en la Tierra, y del plan redentor de Dios que estaba a punto de ser llevado a cabo. (Y de seguro que regresaron al Cielo recordando lo que habían hablado con Jesús.)

Hebreos 12:1 nos dice que “corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”, creando la figura mental de las competencias griegas que presenciaban multitudes de fascinados admiradores sentados en lo alto de los antiguos estadios. La “multitud tan grande de testigos” se refiere a los santos que han partido antes que nosotros, cuyos logros en el campo de juego de la vida son ahora parte de nuestra significativa historia. El lenguaje figurado parece sugerir que esos santos, los “atletas” espirituales de antaño, ahora nos están observando a nosotros y vitoreando desde el gran estadio del Cielo que mira hacia abajo al campo de juego de la Tierra. (Se dice que estamos “rodeados” de testigos, no simplemente que nos han precedido.) Aun si, como algunos afirman, la palabra testigos puede referirse a su fiel servicio a Dios más que a la idea de que nos están observando, otros pasajes demuestran con claridad que el Cielo sabe lo que está sucediendo en la Tierra.

El drama en desarrollo de la redención, que espera el retorno de Cristo, está sucediendo actualmente en la Tierra. La Tierra es el campo central, el escenario central que espera la consumación del retorno de Cristo y el establecimiento de su reino. Parece una razón de peso para creer que los habitantes actuales del Cielo observan lo que está sucediendo en la Tierra.

En el Cielo, Cristo observa todos los detalles de lo que sucede en la Tierra, especialmente en la vida del pueblo de Dios (Apocalipsis 2–3). Si la atención del Dios soberano está en la Tierra, ¿por qué la atención de sus súbditos celestiales no debería estar enfocada aquí también? Cuando una gran guerra está trascendiendo, ¿están las personas del país en que se desarrollará ignorantes o no conscientes de ella? Cuando se está presentando un drama importante, aquellos que conocen al escritor, al productor y al elenco —y tienen mucho interés en cómo va a terminar, ¿se abstienen de mirar?

Los ángeles vieron a Cristo en la Tierra (1 Timoteo 3:16). Hay indicaciones claras de que los ángeles saben lo que está sucediendo en la Tierra (1 Corintios 4:9; 1 Timoteo 5:21). Y si los ángeles, ¿por qué no los santos? Parecería que los que pertenecen a Dios en el Cielo tendrían tanto interés personal como los ángeles en los eventos espirituales que están sucediendo en la Tierra. ¿No esperaríamos que el cuerpo y la novia de Cristo en el Cielo estuvieran tan intensamente interesados en el resto del cuerpo y de la novia de Cristo que todavía viven en la Tierra?

Abraham y Lázaro vieron al hombre rico en el Infierno (Lucas 16:23-26). Si es posible, aun en algunos casos, ver el Infierno desde el Cielo, ¿por qué no podría la gente ver la Tierra desde el Cielo?

Cristo dijo: “Así es también en el cielo: habrá más alegría por un solo pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentirse” (Lucas 15:7). De manera similar “se alegra Dios con sus ángeles por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10). Fíjese que no dice que los que se regocijan son los ángeles, sino con sus ángeles, es decir, en la presencia de los ángeles. ¿Quiénes son los que se están regocijando en el Cielo? Creo que por lógica no solo incluye a Dios sino también a los santos en el Cielo, quienes apreciarían profundamente la maravilla de la conversión —especialmente de aquellos que conocían y amaban en la Tierra. Si se regocijan de las conversiones que suceden en la Tierra, entonces obviamente deben de estar conscientes de lo que está sucediendo en la Tierra —y no solo en forma general sino específicamente, hasta los detalles de los individuos que ponen su fe en Cristo.

¿Oran por las personas de la tierra los que están en el cielo?

Basado en la evidencia bíblica, creo que los santos que han partido que actualmente están en el Cielo presente interceden en oración —por lo menos algunas veces— por aquellos de nosotros que todavía estamos en la Tierra.

Cristo, el Dios-hombre, está en el Cielo, a la mano derecha de Dios, intercediendo por la gente en la Tierra (Romanos 8:34), lo que nos dice que por lo menos hay una persona que ha muerto y ha ido al Cielo y ahora está orando por las personas de la Tierra. Los mártires en el Cielo también oran a Dios (Apocalipsis 6:10), pidiéndole que tome acción específica en la Tierra.

Están orando por la justicia de Dios en la Tierra, lo cual tiene implicaciones intercesoras para los creyentes que ahora sufren aquí. El sentido de conexión y de lealtad al cuerpo de Cristo —y preocupación por los santos en la Tierra— probablemente sería aumentado, y no disminuido, por estar en el Cielo (Efesios 3:15).

Si la oración es simplemente hablar con Dios, presumiblemente oraremos más en el Cielo, y no menos, de lo que oramos ahora. Y dado nuestro estado de justos en el Cielo, nuestras oraciones serán más eficaces que nunca (Santiago 5:16).

Apocalipsis 5:8 habla de “las oraciones de los santos” en un contexto que puede incluir a los santos en el Cielo, no solo a los de la Tierra.

¿Puede ser cielo si la gente está consciente de algo malo que sucede en la tierra?

Muchos libros sobre el Cielo afirman que los que están en el Cielo no pueden estar conscientes de la gente y los eventos en la Tierra porque serían desdichados por todo el sufrimiento y el mal; por lo tanto, el Cielo no sería realmente Cielo.

Yo creo que este argumento no es válido. Después de todo, Dios sabe exactamente lo que está sucediendo en la Tierra y sin embargo eso no hace que el Cielo sea menos Cielo para Él. De igual modo, es Cielo para los ángeles, aun cuando ellos también saben lo que está sucediendo en la Tierra. De hecho, los ángeles en el Cielo ven el tormento del Infierno, pero no quita su gozo en la presencia de Dios (Apocalipsis 14:10). Abraham y Lázaro vieron las agonías del hombre rico en el Infierno, pero eso no causó que el paraíso dejara de ser paraíso (Lucas 16:23-26). Sin duda, entonces, nada de lo que puedan ver en la Tierra puede arruinar el Cielo para ellos.

La felicidad en el Cielo no se basa en la ignorancia, sino en la perspectiva.