9: ¿Por qué es la redención de la tierra esencial al plan de Dios?

Es notable que prácticamente todas las palabras básicas en la Biblia que
describen la salvación implican un retorno a un estado o situación originalmente bueno.
La palabra redención es un buen ejemplo. Redimir es “volver a comprar”, literalmente “recuperar”.
El sentido de la redención es liberar al prisionero de la esclavitud, darle de nuevo la
libertad que él o ella una vez disfrutaron.
—Albert Wolters

Todo el universo físico fue creado para la gloria de Dios. Pero la humanidad se rebeló y el universo cayó bajo el peso del pecado. Sin embargo, cuando la serpiente sedujo a Adán y Eva no tomó por sorpresa a Dios. Él tenía preparado un plan por el cual redimiría a la humanidad —y a toda la creación— del pecado, la corrupción y la muerte. De la misma manera en que promete hacer nuevos a los hombres y las mujeres, promete renovar a la Tierra misma.

Presten atención, que estoy por crear un cielo nuevo y una tierra nueva. . . . (Isaías 65:17)

Porque así como perdurarán en mi presencia el cielo nuevo y la tierra nueva que yo haré, así también perdurarán el nombre y los descendientes de ustedes, afirma el Señor. (Isaías 66:22)

Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia. (2 Pedro 3:13)

Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir. (Apocalipsis 21:1)

Muchos otros pasajes aluden a los Nuevos Cielos y Nueva Tierra sin usar esos términos. El plan redentor de Dios culmina no en el retorno de Cristo, no en el reino milenario, sino en la Nueva Tierra. Solo entonces todos los males serán arreglados. Solo entonces no habrá más muerte, llanto o dolor (Apocalipsis 21:1-4).

Considere esto: si el plan de Dios fuera simplemente llevar a la humanidad al Cielo presente, o a un Cielo que fue el lugar de morada de los seres espirituales, no habría necesidad de Nuevos Cielos y una Nueva Tierra. ¿Por qué rehacer las estrellas y los cielos y los continentes de la Tierra? Dios podría simplemente destruir su creación original y dejarla fuera de consideración. Pero Él no lo hará. Cuando creó los cielos y la tierra consideró que “esto era bueno”. Ni una vez ha renunciado Él a su derecho a lo que ha hecho. Él no va a abandonar a su creación. La va a restaurar. No vamos a ir al Cielo y dejar atrás a la Tierra. En realidad, Dios va a traer al Cielo y a la Tierra a la misma dimensión, sin pared de separación, sin ángeles armados para custodiar la perfección del Cielo para que no la toque la humanidad pecaminosa (Génesis 3:24). El plan perfecto de Dios es “reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensa del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10, rv60).

Las metas redentoras de Dios son mucho menos modestas de lo que imaginamos. Él no le entrega ningún territorio al enemigo. C. S. Lewis dijo sobre la novela de John Milton Paraíso perdido: “Leerla nos hace sentir lo que es vivir en un universo donde cada pulgada cuadrada, cada milésima de segundo, es reclamada y vuelta a reclamar por Dios”.[1]C. S. Lewis, Christian Reflections [Reflexiones cristianas], ed. Walter Hooper (Grand Rapids: Eerdmans, 1967), 33.

Cristo no murió para simplemente sacarle el mejor partido a una mala situación. Él murió para que la humanidad, la Tierra y el universo mismo fueran renovados para proclamar su gloria para siempre.

El plan de renovación terrenal de Dios

Dios nunca ha renunciado a su creación original. Y, sin embargo, nos las hemos arreglado para pasar por alto un vocabulario bíblico completo que aclara este punto. Reconciliar. Redimir. Restaurar. Recobrar. Regresar. Renovar. Regenerar. Resucitar. Cada una de estas palabras bíblicas comienza con el prefijo re, sugiriendo un regreso a una condición original que fue arruinada o perdida. (Muchas son traducciones de palabras griegas que comienzan con el prefijo ana, que tiene el mismo significado que el prefijo español re.) Por ejemplo, redención significa comprar de vuelta lo que había sido propiedad de la persona. De manera similar, reconciliación quiere decir la restauración o el restablecimiento de una amistad anterior o unidad. Renovación significa hacer algo nuevo de vuelta, restaurándolo a su estado original. Resurrección quiere decir volverse físicamente vivo de nuevo después de la muerte.

Estas palabras enfatizan que Dios siempre nos ve a la luz de lo que quiso que fuéramos, y siempre busca restaurarnos a ese diseño. De igual manera, Él ve a la Tierra en términos de lo que quiso que fuera, y busca restaurarla a su diseño original.

El profesor de religión Albert Wolters, en La creación recuperada, escribe: “[Dios] se aferra a su creación original caída y la rescata. Se rehúsa a abandonar el trabajo de sus manos —de hecho, sacrifica a su propio Hijo para salvar su proyecto original. A la humanidad, que ha arruinado su mandato original y toda la creación junto a dicho mandato, se le da otra oportunidad en Cristo; somos reinstituidos como los administradores de Dios en la tierra. La creación original buena ha de ser restaurada”.[2]Albert M. Wolters, Creation Regained: Biblical Basics for a Reformational Worldview [La creación recuperada: Fundamentos bíblicos para una perspectiva mundial reformada] (Grand Rapids: Eerdmans, … Continue reading

Si Dios hubiera querido mandarnos al Infierno y comenzar de nuevo, lo podría haber hecho. Podría haber hecho un nuevo Adán y una nueva Eva y mandar a los primeros al Infierno. Pero no lo hizo. En cambio, escogió redimir aquello con lo que había comenzado —los cielos, la tierra y la humanidad— y traerlos de vuelta a su propósito original. Dios es el artista rescatador por exce- lencia. Le encanta restaurar las cosas a su condición original —y hacerlas aún mejores. El propósito de Dios se refleja en una frase del himno “¡Aleluya, qué Salvador!”: “vino a reclamar a pecadores arruinados”.[3]Philip P. Bliss, “Hallelujah, What a Savior!” [“¡Aleluya, qué Salvador!”], International Lessons Monthly, 1875. Reclamar es otra palabra que comienza con el prefijo re. Reconoce que Dios tiene un derecho previo sobre la humanidad que fue perdido temporalmente pero que ha sido completamente restaurado y es llevado a un nivel nuevo en Cristo. “Del Señor es la tierra y todo cuanto hay en ella, el mundo y cuantos lo habitan” (Salmo 24:1). Dios nunca ha entregado su título de propiedad de la Tierra. A Él le pertenece —y no la va a entregar a sus enemigos.

Es imposible entender el ministerio de Cristo sin la perspectiva mayor del plan de rescate completo de la redención. “Es particularmente notable”, escribe Albert Wolters, “que todos los milagros de Jesús (con la única excepción de la maldición de la higuera) son milagros de restauración —restauración de la salud, restauración de la vida, restauración para ser libre de la posesión demoníaca. Los milagros de Jesús nos proveen una muestra del significado de la redención: Liberar a la creación de las cadenas del pecado y del mal y una rehabilitación para que las criaturas vivan como Dios tuvo el propósito de que vivieran”.[4]Wolters, Creation Regained [La creación recuperada], 62. Dios puso a la humanidad en la Tierra para que la llenara, la gobernara y la desarrollara para la gloria de Dios. Pero ese plan nunca ha sido cumplido. Por lo tanto, ¿deberíamos concluir que el plan de Dios fue mal concebido, frustrado o abandonado? No. Esas conclusiones no están de acuerdo con el carácter de un Dios que sabe todas las cosas, omnisciente y soberano.

Las Escrituras nos muestran el propósito de Dios con notable claridad; sin embargo, por muchos años como estudiante de la Biblia y después como pastor, no pensé en términos de renovación y restauración. En cambio creía que Dios iba a destruir la Tierra, abandonar su diseño y plan original, y comenzaría de nuevo poniendo en práctica un nuevo plan en un Cielo no terrenal. Solo en los últimos quince años es que mis ojos han sido abiertos a lo que la Biblia ha dicho siempre.

¿Qué es lo que se encuentra detrás de nuestra noción de que Dios va a destruir la Tierra y terminar con ella? Yo creo que es una teología débil de Dios. Aunque nunca lo diríamos de esta manera, lo vemos como un inventor frustrado cuya creación fracasó. Y habiéndose dado cuenta de su error, terminará deshaciéndose de la mayor parte de lo que hizo. Su consuelo por una Tierra fracasada es que Él rescata a unos cuantos de nosotros del fuego. Pero las Escrituras refutan esta idea enfáticamente. Dios tiene un plan magnífico, y Él no va a entregar a la Tierra a la pila de la basura.

Como dice Albert Wolters: “La redención no es un asunto de añadir una dimensión espiritual o sobrenatural que antes faltaba a la vida de las criaturas; más bien, se trata de traer nueva vida y vitalidad a lo que siempre estuvo allí. . . . La única cosa que la redención agrega, que no es incluida en la creación, es el remedio para el pecado, y ese remedio se trae con el solo propósito de recobrar una creación sin pecado. . . . La gracia restaura a la naturaleza, haciéndola per- fecta una vez más”.[5]Ibid., 58–59.

La nueva tierra es la tierra antigua restaurada

Pedro predicó que Cristo debe permanecer “en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas” (Hechos 3:21). Se nos dice que está llegando un tiempo cuando Dios restaurará todas las cosas. Esta es una promesa extensa. Abarca mucho más que simplemente Dios restaure a personas sin cuerpo a comunión en un reino espiritual. (Ya que vivir en un reino espiritual no es para lo que los seres humanos fueron creados —y una vez disfrutaron—, no calificaría como “restauración”.) Es Dios restaurando a la humanidad a lo que fue una vez, a lo que Él la diseñó para que fuera —seres humanos justos y encarnados. Y restaurando a todo el universo físico a lo que fue una vez.

¿Dónde se realizará la restauración de la que Pedro predicó? Él nos dice que la respuesta se encuentra en las promesas dadas por Dios “hace siglos por medio de sus santos profetas”. Lea los profetas y la respuesta se hace clara —Dios va a restaurar todas las cosas en la Tierra. Los profetas nunca están preocupados por algún reino lejano de espíritus incorpóreos. Están preocupados por la Tierra, la herencia, la ciudad de Jerusalén y la tierra sobre la cual caminan. El Mesías va a venir del Cielo a la Tierra, no para llevarnos de la Tierra al Cielo, sino para restaurar la Tierra a lo que quiso que fuera para que Él pueda vivir con nosotros para siempre.

Lucas nos cuenta la historia de la profetisa Ana, una mujer de alrededor de ochenta años, quien adoraba a Dios en el Templo noche y día, con ayunos y oraciones. Al ver al bebé Jesús inmediatamente se acercó a María y José y “dio gracias a Dios y comenzó a hablar del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (Lucas 2:36-38).

Fíjese en las palabras exactas de Lucas. ¿Qué era lo que estaba esperando el pueblo de Dios? Redención. ¿Su propia redención? Por supuesto, pero era mucho más que eso. Era la redención no solo de sí mismos, sino también de sus familias y la comunidad y aun de su ciudad, Jerusalén. Y la redención de Jerusalén también sería la redención de Israel. Así como se le prometió al mundo entero a través de Abraham, la redención de Jerusalén e Israel habla de la redención de la Tierra misma.

Y ¿quién sería el agente de tal redención? Jesús, este niño, el Mesías que se convertiría en el Rey, no solo de los individuos redimidos, sino también Rey de una Jerusalén redimida y Rey de una Tierra redimida. Este es el evangelio del Reino. Menos que eso sería un punto de vista estrecho del plan redentor de Dios.

Por lo tanto, ¿tendrá fin la Tierra que conocemos? Sí. ¿Será un fin definitivo? No.

Apocalipsis 21:1 dice que la primera Tierra pasará. Pero cuando se dice que la gente “pasa de este mundo”, no deja de existir. Todos nosotros seremos resucitados para ser personas nuevas, así que la Tierra va a ser resucitada para ser una nueva Tierra.

¿Inventó Pedro la noción de que todas las cosas van a ser restauradas? No; no solo la aprendió de los profetas, sino que la escuchó directamente de Cristo. Cuando Pedro, esperando condenación o recompensa, le señaló a Jesús que los discípulos habían dejado todo para seguirlo, el Señor no lo reprendió. En cambio, le dijo: “En la renovación de todas las cosas, cuando el Hijo del Hombre se siente en su trono glorioso, ustedes que me han seguido se sentarán en doce tronos para gobernar a las doce tribus de Israel” (Mateo 19:27-28).

Fíjese las palabras que eligió Cristo. Él no dijo “después de la destrucción de todas las cosas” o “después del abandono de todas las cosas”, sino “en la renovación de todas las cosas”. Éste no es un punto semántico pequeño, sino que dibuja una línea en la arena entre dos teologías fundamentalmente diferentes. La humanidad fue diseñada para vivir en la Tierra para la gloria de Dios. Eso es exactamente lo que aseguró la encarnación, muerte y resurrección de Cristo —una humanidad renovada en una Tierra renovada. Jesús dijo explícitamente que “todas las cosas” serían renovadas.

La palabra paligenesia, traducida “renovación” en Mateo 19:28, viene de dos palabras que juntas significan “nuevo génesis” o “volver de la muerte a la vida”.[6]Gerhard Kittel y Gerhard Friedrich, eds., Geoffrey W. Bromiley, trad. y ed., Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario teológico del Nuevo Testamento] (Grand Rapids: Eerdmans, … Continue reading Cuando Jesús dijo que “todas las cosas” serían renovadas, los discípulos habrían entendido “todas las cosas” que eran parte de la única vida que conocían —aquellas en la Tierra. Aparte de esos aspectos de nuestras vidas terrenales presentes que son inherentemente pecaminosos, o que son satisfechos por una realidad mayor, “todas las cosas” parece ser comprensivo.

Redención = Regreso

La redención recupera el diseño original de Dios. En las palabras de un escritor: “Adán y Eva (y sus hijos) debían extender la bendición del paraíso a través de todo el mundo. . . . Por lo tanto, la salvación restaura al hombre a su llamado y propósito original, y garantiza que el mandato original del hombre —ejercer dominio bajo Dios sobre toda la tierra— será cumplido”.[7]David Chilton, Paradise Restored [El paraíso restaurado] (Fort Worth: Dominion Press, 1987), 23, 25.

Si, debido a la caída, Dios hubiera abandonado su propósito original para la humanidad de llenar la Tierra y gobernarla (Génesis 1:28), seguramente no le habría repetido el mismo mandamiento a Noé después del diluvio: “Sean fecundos, multiplíquense, y llenen la tierra” (Génesis 9:1). Pero hasta que el pecado y la maldición sean eliminados en forma permanente, la gente sería incapaz de ejercitar la mayordomía apropiada de la Tierra.

Nuestro propósito presente es inseparable del propósito eterno de Dios de que gobernemos la Tierra para siempre como sus hijos y herederos. Esto se encuentra en la parte central de la declaración de propósito del Catecismo corto de Westminster: “La meta principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre”.[8]The Westminster Shorter Catechism [El catecismo corto de Westminster] puede ser visto en inglés en Internet: “Westminster Shorter Catechism with Proof Texts”, … Continue reading Glorificaremos a Dios y encontraremos gozo en Él mientras hacemos lo que Él quiere que hagamos: servirlo como seres resucitados y llevar a cabo su plan de desarrollar una cultura resucitada centrada en Cristo en un universo resucitado.

“Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, cuando él venga, los que le pertenecen. Entonces vendrá el fin, cuando él entregue el reino a Dios el Padre, luego de destruir todo dominio, autoridad y poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies” (1 Corintios 15:22-25).

Muchos eruditos están de acuerdo que el punto de este pasaje no es que Cristo algún día dejará de reinar, sino que su reino continuará hasta y después de que sus enemigos sean conquistados y juzgados. (Cuando un príncipe entregaba a su padre un reino que había conquistado, era usual que el rey devolviera el gobierno de ese reino a su hijo.)

La misión de Cristo es tanto redimir lo que había sido perdido en la caída, como destruir a todos los que compiten por el dominio, la autoridad y el poder de Dios. Cuando todo sea puesto debajo de sus pies; cuando Dios reine y la humanidad gobierne la Tierra como reyes bajo Cristo, el Rey de reyes, por fin todo será como Dios quiere que sea. ¡El período de rebelión se habrá acabado para siempre, y el universo, y todos los que sirven a Cristo, participarán del gozo del Señor!

La gloria de Dios en la tierra de Dios

Los cielos físicos están declarando constantemente la gloria de Dios (Salmo 19:1-2). Aun ahora, en referencia a una Tierra bajo maldición, Dios dice: “Mi gloria . . . llena toda la tierra” (Números 14:21). Pero el universo experimentará un despliegue aún mayor de la gloria de Dios, uno que involucrará a los hombres y a las mujeres y a las naciones redimidas en una Tierra redimida: “Las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria; por cuanto Jehová habrá edificado a Sion, y en su gloria será visto” (Salmo 102:15-16, rv60).

Dios promete que es en la Tierra donde “se revelará la gloria del Señor, y la verá toda la humanidad” (Isaías 40:5). Que Dios será glorificado en la Tierra es central a innumerables pasajes, incluyendo estos dos:

Muy cercano está para salvar a los que le temen, para establecer su gloria en nuestra tierra. (Salmo 85:9)

Vi que la gloria del Dios de Israel venía del oriente . . . y la tierra se llenó de su gloria. (Ezequiel 43:2)

En ambos pasajes, la palabra que se usa es erets, que quiere decir “tierra”, por lo cual la traducción es exacta. Ezequiel vio la gloria de Dios a las puertas de Jerusalén —manifestada no en alguna forma de reino inmaterial sino en la Tierra.

Para entender por qué Pedro predicó que la promesa de Dios a los profetas era que Dios restauraría todas las cosas (Hechos 3:21), considere esta muestra de pasajes que prometen que la gloria de Dios será manifestada a todas las naciones de la Tierra, particularmente en la Nueva Jerusalén:

Las naciones temerán el nombre de Jehová, y todos los reyes de la tierra tu gloria; por cuanto Jehová habrá edificado a Sion, y en su gloria será visto. (Salmo 102:15-16, rv60)

No harán ningún daño ni estrago en todo mi monte santo, porque rebosará la tierra con el conocimiento del Señor como rebosa el mar con las aguas. En aquel día se alzará la raíz de Isaí como estandarte en los pueblos; y hacia él correrán las naciones, y glorioso será el lugar donde repose. (Isaías 11:9-10)

Anunciarán mi gloria entre las naciones. Y a todos los hermanos que ustedes tienen entre las naciones los traerán a mi monte santo en Jerusalén, como una ofrenda al Señor; los traerán en caballos, en carros de combate y en literas, y en mulas y en camellos —dice el Señor. (Isaías 66:19-20)

Así dice el Señor Todopoderoso: Dentro de muy poco haré que se estremezcan los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme; ¡haré temblar a todas las naciones! Sus riquezas llegarán aquí, y así llenaré de esplendor esta casa —dice el Señor Todopoderoso. (Hageo 2:6-7)

El reino de Dios y su dominio no son acerca de lo que sucede en algún lugar remoto, etéreo; en cambio, son acerca de lo que pasa en la Tierra, la cual Dios creó para su gloria. Dios ha unido su gloria a la Tierra y a todo lo que se relaciona con ella: los seres humanos, los animales, los árboles, los ríos, todas las cosas.

Una visión de la nueva tierra

Otro pasaje significativo que describe a la Nueva Tierra es Isaías 60. Aunque no contiene el término Nueva Tierra (como lo hacen Isaías 65 y 66), podemos estar seguros de que eso es lo que Isaías quiso decir porque su preciso lenguaje es usado en la descripción de Juan de la Nueva Tierra en Apocalipsis 21–22. Por lo tanto, Isaías 60 sirve como el mejor comentario bíblico sobre Apocalipsis 21–22.

Al comienzo del notable mensaje profético, Dios le dice a su pueblo en Jerusalén: “La aurora del Señor brillará sobre ti; ¡sobre ti se manifestará su gloria! Las naciones serán guiadas por tu luz, y los reyes, por tu amanecer esplendoroso” (Isaías 60:2-3). El pueblo de Dios va a tener un futuro glorioso en el que participarán las naciones y los reyes de la Tierra y se beneficiarán de una Jerusalén renovada y gloriosa. No será solo algunas naciones, sino todas ellas: “Todos se reúnen y acuden a ti” (v. 4).

Este será un tiempo de gozo nunca visto: “Verás esto y te pondrás radiante de alegría; vibrará tu corazón y se henchirá de gozo” (v. 5). En la Tierra renovada, las naciones traerán sus tesoros más grandes a esta ciudad glorificada: “Te traerán los tesoros del mar, y te llegarán las riquezas de las naciones” (v. 5).

En la Nueva Tierra habrá animales de varias naciones: “Te llenarás con caravanas de camellos, con dromedarios de Madián y de Efa” (v. 6). Las personas redimidas viajarán de lugares lejanos a la Jerusalén glorificada: “Vendrán todos los de Sabá, cargando oro e incienso y proclamando las alabanzas del Señor” (v. 6).

La gente que vive en islas adorarán a Dios, y barcos vendrán desde lejos: “A la cabeza vendrán los barcos de Tarsis trayendo de lejos a tus hijos, y con ellos su oro y su plata, para la honra del Señor tu Dios, el Santo de Israel, porque él te ha llenado de gloria” (v. 9).

La mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a pensar en naciones, gobernantes y cultura en el Cielo, pero Isaías 60 es uno de los muchos pasajes que demuestran que la Nueva Tierra en realidad va a ser terrenal.

Isaías habla palabras que Juan aplica directamente a la Nueva Jerusalén (en Apocalipsis 21:25-26): “Tus puertas estarán siempre abiertas, ni de día ni de noche se cerrarán; a ti serán traídas las riquezas de las naciones; ante ti desfilarán sus derrotados reyes” (v. 11).

La opulencia de las naciones será recibida con agrado en la gran ciudad del Rey: “Te llegará la gloria del Líbano, con el ciprés, el olmo y el abeto” (v. 13). Los corazones de las naciones se transformarán en cuanto a sus actitudes hacia Dios, su pueblo y su ciudad. “Ante ti vendrán a inclinarse los hijos de tus opresores; y todos los que te desprecian se postrarán a tus pies, y te llamarán ‘Ciudad del Señor’” (v. 14). Dios le promete a la Nueva Jerusalén: “Haré de ti el orgullo eterno y la alegría de todas las generaciones” (v. 15). Este no es un período de prosperidad fugaz sino una condición “eterna”. No será limitado a un tiempo sino que será para “todas las generaciones”.

La Nueva Jerusalén será la beneficiaria de todos los grupos de personas y sus gobernantes: “Te alimentarás con la leche de las naciones, con la riqueza de los reyes serás amamantada” (v. 16). El cumplimiento de todas estas promesas testificará de la grandeza de Dios: “Sabrás entonces que yo, el Señor, soy tu Salvador; que yo, el Poderoso de Jacob, soy tu Redentor” (v. 16). Dios promete algo que todavía nunca ha sido verdad de la Jerusalén terrenal: “Haré que la paz te gobierne, y que la justicia te rija. Ya no se sabrá de violencia en tu tierra, ni de ruina y destrucción en tus fronteras, sino que llamarás a tus muros ‘Salvación’, y a tus puertas ‘Alabanza’ ” (vv. 17-18).

Isaías nos dice entonces lo que Juan conecta directamente a la Nueva Tierra (en Apocalipsis 21:23; 22:5): “Ya no será el sol tu luz durante el día, ni con su resplandor te alumbrará la luna, porque el Señor será tu luz eterna; tu Dios será tu gloria. Tu sol no volverá a ponerse, ni menguará tu luna; será el Señor tu luz eterna, y llegarán a su fin tus días de duelo” (vv. 19-20).

Se nos dice de la Nueva Jerusalén que “nunca entrará en ella nada impuro, ni los idólatras ni los farsantes, sino sólo aquellos que tienen su nombre escrito en el libro de la vida, el libro del Cordero” (Apocalipsis 21:27). Isaías nos dice lo mismo, inclusive usando un lenguaje que no se podría aplicar a la primera Tierra bajo la maldición: “Entonces todo tu pueblo será justo” (60:21). Isaías agrega: “Y poseerá la tierra [erets] para siempre”. La Tierra será de ellos, no por una década o un siglo glorioso o un milenio, sino para siempre.[9]Acerca de mi resumen de Isaías 60, quiero expresar mi agradecimiento a Richard Mouw por su libro titulado When the Kings Come Marching In [Cuando los reyes lleguen marchando] (Grand Rapids: … Continue reading

No hay razón interpretativa para creer que las descripciones de la Nueva Tierra en Isaías 60 serán cumplidas menos literalmente que las que se encuentran en Isaías 52–53. Debido a que las palabras de Isaías acerca de la primera venida del Mesías fueron tan meticulosamente cumplidas, aun en cuanto a detalles físicos específicos, ¿no deberíamos asumir que sus profecías en los capítulos siguientes referentes a la vida en la Nueva Tierra serán también cumplidas literal y específicamente?

El reinado milenario de Cristo puede anticipar el cumplimiento de las promesas de Dios acerca del futuro de Jerusalén. Pero veremos su cumplimiento total solo en la Nueva Jerusalén en la Nueva Tierra, cuando la maldición ya no exista, no haya más muerte y el pueblo de Dios vivirá en la Tierra para siempre.

La redención de las naciones y la cultura

Ambos, Isaías y Juan, usando lenguaje similar declaran que en la Nueva Tierra “los reyes de la tierra le entregarán sus espléndidas riquezas” (a la Nueva Jerusalén), y que “llevarán a ella . . . el honor de las naciones” (Apocalipsis 21:24, 26; compare con Isaías 60:3,5).

Aunque Juan no explica detalladamente en Apocalipsis, Isaías es específico en cuanto a lo que será llevado a la ciudad santa. Él menciona los productos culturales de las naciones que una vez habían sido paganas: los barcos de Tarsis y los árboles del Líbano, y los camellos de Efa y el oro y el incienso de Sabá, todo lo cual será traído por su pueblo “proclamando las alabanzas del Señor” (Isaías 60:6). Los tesoros que alguna vez habían sido relacionados a la idolatría y la rebelión serán juntados en la ciudad y se usarán para glorificar a Dios. Tanto Isaías como Apocalipsis indican que los productos de la cultura humana desempeñarán un papel importante en la Nueva Tierra.

En su excelente interpretación de Isaías y Apocalipsis en Cuando los reyes lleguen marchando, Richard Mouw señala que los mismos barcos de Tarsis y los árboles del Líbano mencionados en Isaías 60 se consideran en Isaías 2 como objetos de orgullo humano que Dios promete hacer desaparecer (vv. 12-13, 16-18).[10]Mouw, When the Kings Come [Cuando los reyes lleguen marchando], 5–21. Isaías habla de un día de juicio en el cual “los hombres se meterán en las cuevas de las rocas, y en las grietas del suelo, ante el terror del Señor y el esplendor de su majestad, cuando Él se levante para hacer temblar la tierra” (2:19). Este lenguaje es muy evocador de la descripción de Dios de los tiempos finales del juicio, en los que los hombres trataron de esconderse “en las cuevas y entre las peñas de las montañas” (Apocalipsis 6:15).

En Isaías 10:34, el profeta nos dice que Dios “derriba con un hacha la espe- sura del bosque, y el esplendor del Líbano se viene abajo”. Debido a que la gente pone su orgullo y esperanza en “sus” bosques y barcos, Dios demostrará su superioridad destruyendo los bosques y hundiendo sus barcos.

Bien, si los árboles del Líbano y los barcos de Tarsis son destacados como que van a ser destruidos en el futuro juicio de Dios, ¿cómo pueden ellos, como indica Isaías 60, aparecer de nuevo en la ciudad santa como instrumentos de servicio para el Señor?

Esta es la paradoja de las enseñanzas simultáneas de destrucción y renovación de las Escrituras. Aquello que ahora es usado para propósitos de orgullo y aun idolatría será usado para la gloria de Dios cuando los corazones de los seres humanos sean transformados y la creación misma sea renovada.[11]Ibid., 12–15. No hay nada de malo en los barcos, la madera, el oro o los camellos. Lo que Dios va a destruir en su juicio es el mal uso de esas cosas buenas. Luego, habiendo destruido nuestras perversiones de sus buenos dones, en su re-creación de la Tierra, Él restaurará estas cosas como herramientas buenas y útiles para su gloria.

El teólogo A. A. Hodge escribe:

El Cielo, como el hogar eterno del Hombre divino y de todos los miembros redimidos de la raza humana, necesariamente debe ser completamente humano en su estructura, condiciones y actividades. Sus gozos y actividades deben ser todos racionales, morales, emocionales, voluntarios y activos. Debe existir el ejercicio de todas las facultades, la gratificación de todos los gustos, el desarrollo de todas las capacidades de talento, la realización de todos los ideales. La razón, la curiosidad intelectual, la imaginación, los instintos estéticos, las afecciones santas, las afinidades sociales, los inextinguibles recursos de fuerza y poder innatos al alma humana, todos deben encontrar en el cielo ejercicio y satisfacción. Entonces siempre deberá haber una meta de logros ante nosotros, aun futura. . . . El cielo probará ser la flor y el fruto por excelencia de toda la creación y de toda la historia del universo.[12]A. A. Hodge, Evangelical Theology: A Course of Popular Lectures [Teología evangélica: Un curso de discursos
populares]
(Edinburgh: Banner of Truth, 1976), 399–402.

References

References
↑1 C. S. Lewis, Christian Reflections [Reflexiones cristianas], ed. Walter Hooper (Grand Rapids: Eerdmans, 1967), 33.
↑2 Albert M. Wolters, Creation Regained: Biblical Basics for a Reformational Worldview [La creación recuperada: Fundamentos bíblicos para una perspectiva mundial reformada] (Grand Rapids: Eerdmans, 1985), 58.
↑3 Philip P. Bliss, “Hallelujah, What a Savior!” [“¡Aleluya, qué Salvador!”], International Lessons Monthly, 1875.
↑4 Wolters, Creation Regained [La creación recuperada], 62.
↑5 Ibid., 58–59.
↑6 Gerhard Kittel y Gerhard Friedrich, eds., Geoffrey W. Bromiley, trad. y ed., Theological Dictionary of the New Testament [Diccionario teológico del Nuevo Testamento] (Grand Rapids: Eerdmans, 1964–76), 1:686.
↑7 David Chilton, Paradise Restored [El paraíso restaurado] (Fort Worth: Dominion Press, 1987), 23, 25.
↑8 The Westminster Shorter Catechism [El catecismo corto de Westminster] puede ser visto en inglés en Internet: “Westminster Shorter Catechism with Proof Texts”, http://www.reformed.org/documents/WSC.html.
↑9 Acerca de mi resumen de Isaías 60, quiero expresar mi agradecimiento a Richard Mouw por su libro titulado When the Kings Come Marching In [Cuando los reyes lleguen marchando] (Grand Rapids:
Eerdmans, 1983).
↑10 Mouw, When the Kings Come [Cuando los reyes lleguen marchando], 5–21.
↑11 Ibid., 12–15.
↑12 A. A. Hodge, Evangelical Theology: A Course of Popular Lectures [Teología evangélica: Un curso de discursos
populares]
(Edinburgh: Banner of Truth, 1976), 399–402.