14: ¿Será la tierra presente destruida…o renovada?

En su actividad redentora, Dios no destruye las obras de sus manos,
sino que las limpia de pecado y las perfecciona, para que finalmente puedan alcanzar la meta
para la que las creó. Aplicado al problema que tenemos ahora, este principio significa que la
nueva tierra que esperamos no va a ser completamente diferente de la presente,
sino que habrá una renovación y glorificación de la tierra en la que vivimos ahora.

—Anthony Hoekema

Serán completamente destruidos la Tierra presente y todo el universo, y la Nueva Tierra y el nuevo universo serán hechos comenzando completamente de la nada? ¿O será transformado el universo original en el nuevo? En 2 Pedro 3:10 se nos dice: “El día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada”.

Otros pasajes nos guían para comprender lo que significa esto, usando palabras tales como renovación y regeneración, indicando que la misma Tierra destinada a la destrucción también está destinada a la restauración. Muchos han captado la primera enseñanza pero no la segunda. Por lo tanto, aplican mal 2 Pedro 3:10 diciendo que significa destrucción absoluta, total, en lugar de lo que enseñan las Escrituras: una destrucción temporal que es revertida por medio de la resurrección y la restauración.

Wayne Grudem sugiere que Pedro “tal vez no esté hablando de la tierra como un planeta sino como lo que está en la superficie de la tierra (es decir, mucho del suelo y las cosas en el suelo)”.[1]Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine [Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica] (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 1160–61.

John Piper sostiene que Dios no creó la materia para luego descartarla. Él escribe: “Cuando Apocalipsis 21:1 y 2 Pedro 3:10 dicen que la tierra presente y los cielos dejarán de ‘existir’, no quiere decir que van a dejar de existir literalmente, sino que puede significar que habrá un cambio tal en ellos que su condición presente es la que deja de existir. Podemos decir: ‘La oruga deja de existir, y emerge la mariposa’. Hay un dejar de existir real, y hay una continuidad real, una conexión real”.[2]John Piper, Future Grace [Gracia futura] (Sisters, Ore.: Multnomah, 1995), 371, 376.

Mi esposa y yo nunca vamos a olvidar que cuando íbamos en nuestro automóvil de la iglesia a nuestro hogar el 18 de mayo de 1980 vimos una nube de ceniza volcánica que se cernía sobre nosotros. Fue la erupción del monte Saint Helens, que se encuentra a unos ciento diez kilómetros de nuestra casa. Durante semanas la ceniza cayó con tanta intensidad que en forma repetida teníamos que lavar con la manguera la cochera y las ventanillas del automóvil. Muchas personas en la zona de Portland usaban máscaras quirúrgicas para poder respirar. La destrucción en la antes bella montaña y la zona de alrededor fue catastrófica. Enormes árboles fueron carbonizados y cayeron como fósforos gigantes. La devastación pareció completa. Los expertos predijeron que seguramente tomaría décadas, y posiblemente siglos, antes de que la zona volviera a la vida. Pero sin embargo, en unos pocos años había comenzado a restaurarse, demostrando propiedades de sanación que Dios ha colocado dentro de su creación, evidentes aun bajo la maldición.

Después de ver una devastación tan completa reemplazada por nueva belleza —aun aparte de la intervención sobrenatural de Dios—, no tengo problema para imaginarme a Dios rehaciendo una Tierra carbonizada y convirtiéndola en una Tierra nueva, fresca y vibrante. Romanos 8:19-23 vincula en forma inseparable el destino de la humanidad y de la Tierra. Como tal, la Tierra va a ser resucitada a una nueva vida de la misma forma que nuestros cuerpos van a ser resucitados a una nueva vida.

La redención significa restauración

Aun si el término Nueva Tierra no apareciera en ningún lugar de la Biblia, aun si no hubiera docenas de otros pasajes tales como Isaías 60 que se refieren a la Nueva Tierra con tanta claridad, Hechos 3:21 sería suficiente. Nos dice que Cristo permanecerá “en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas”. Cuando Cristo regrese, el plan de Dios no es destruir todas las cosas y comenzar de nuevo, sino que su plan es “la restauración de todas las cosas”. La perfección de la creación que se perdió una vez va a ser ganada de nuevo, y mucho más. El mismo Pedro que habló esas palabras en Hechos 3, escribió las palabras acerca de la destrucción de la Tierra en 2 Pedro 3, y aparentemente no vio conflicto entre ellas.

John Piper dice: “Lo que Pedro puede querer decir es que al final de esta era habrá eventos cataclísmicos que llevarán a este mundo como lo conocemos, al fin, no haciéndolo dejar de existir, sino quitando todo lo que es malo y limpiándolo por fuego, haciéndolo apto para una era de gloria, justicia y paz que nunca terminará”.[3]Ibid., 376.

La clave para entender el significado preciso de estos pasajes de destrucción en 2 Pedro se encuentra en el pasaje mismo, el cual presenta un paralelo entre la Tierra en los tiempos de Noé, la cual fue “destruida” por medio del diluvio, y el tiempo que ha de venir cuando el mundo presente será destruido en juicio otra vez, esta vez no por agua sino por fuego (2 Pedro 3:6-7). El punto de referencia indicado para entender la destrucción futura es el diluvio. Por cierto que el diluvio fue un cataclismo y fue devastador, pero ¿destruyó la Tierra haciéndola dejar de existir? No. Noé y su familia y los animales fueron librados del juicio de Dios para volver a habitar un mundo nuevo listo para ellos, limpio por el juicio de Dios. La inundación de todo el mundo no destruyó todas las montañas (Génesis 8:4). Aunque muchas personas creen que los ríos Tigris y Éufrates cerca del Edén (Génesis 2:14) no son los mismos que conocemos hoy, el hecho de que se les dio el mismo nombre que a los originales sugiere cierta continuidad.

La limpieza con fuego va a ser más profunda que el diluvio en el sentido de que va a eliminar el pecado en forma permanente. Pero de la misma manera en que el juicio de Dios por medio del agua no hizo que la Tierra fuera inhabitable para siempre, tampoco lo hará el juicio de Dios por fuego.

La versión Reina-Valera de la Biblia traduce 2 Pedro 3:10 de esta manera: “La tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. Pero la palabra que se tradujo “quemadas” no aparece en los manuscritos griegos más antiguos, que contienen una palabra que significa “encontradas” o “mostradas”. La Biblia de Jerusalén dice “se consumirá”, o “será descubierta”, en el sentido de “expuesta”. El fuego de juicio de Dios consumirá lo malo, exponiendo las cosas como son en realidad.

El teólogo Cornelius Venema explica: “La palabra usada en los manuscritos más antiguos y mejores lleva la idea de un proceso que no tanto destruye o quema, sino que descubre o deja abierta para ser descubierta la creación, ahora en un estado renovado de pureza primitiva”.[4]Cornelius P. Venema, The Promise of the Future [La promesa del futuro] (Trowbridge, UK: Banner of Truth, 2000), 468.

De igual forma desaprobando “quemada” como la mejor traducción, Albert Wolters sostiene que “las traducciones de este texto a menudo han sido influenciadas por una cosmovisión que niega la continuidad entre el estado presente y el estado futuro de la creación”.[5]Albert M. Wolters, citado en Venema, Promise of the Future [La promesa del futuro], 468.

Cornelius Venema hace la conexión entre 2 Pedro 3 y Romanos 8 cuando observa: “El pasaje de 2 Pedro 3:5-13 confirma . . . el ideal básico también expresado, aunque en lenguaje diferente en Romanos 8. Los nuevos cielos y tierra surgirán de la obra soberana y redentora de Dios. . . . Involucrará la renovación de todas las cosas, no la creación de todas las cosas nuevas . . . [y] sigue que la vida venidera en la nueva creación será tan abundante y llena de actividades en el servicio del Señor como Dios tuvo la intención de que fuera al principio”.[6]Venema, The Promise of the Future [La promesa del futuro], 469.

Muchos teólogos antiguos famosos reconocían la continuidad entre la Tierra presente y la Nueva Tierra. Jerónimo decía a menudo que el Cielo y la Tierra no serían aniquilados sino que serían transformados en algo mejor. San Agustín escribió de manera similar, así como también lo hicieron Gregorio Magno, Tomás de Aquino, y muchos otros teólogos de la época medieval.[7]E. J. Fortman, Everlasting Life after Death [Vida eterna después de la muerte] (New York: Alba House, 1976), 304.

El significado de “nuevo”

Como hemos visto, la expresión “Cielo y Tierra” es una designación bíblica para todo el universo. Así que cuando Apocalipsis 21:1 habla de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, indica una transformación en todo el universo. La palabra griega kainos, que se traduce “nuevo, nueva”, indica que la Tierra que Dios creará no va a ser simplemente nueva como opuesto a vieja o primera, sino nueva en calidad y superior en carácter. Según el diccionario griego de Walter Bauer, kainos significa nuevo “en el sentido de que lo viejo se ha vuelto obsoleto, y debe ser reemplazado por lo que es nuevo. En tal sentido, nuevo, como regla, es superior en naturaleza a lo viejo”.[8]Walter Bauer, The Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature [Léxico griego-inglés del Nuevo Testamento y de la literatura de los primeros cristianos], ed. … Continue reading

Pablo usa la misma palabra, kainos, cuando habla de un creyente que llega a ser “una nueva creación” (2 Corintios 5:17). La Nueva Tierra será la misma que la Tierra antigua, al igual que el nuevo cristiano todavía es la misma persona que era antes. ¿Diferente? Sí. Pero todavía el mismo.

De la misma forma que Dios puede recoger nuestro ADN esparcido y los átomos y moléculas de nuestros cuerpos, también volverá a reunir todo lo que necesita de la Tierra carbonizada y desfigurada. Así como nuestros cuerpos viejos van a ser resucitados en cuerpos nuevos, también la Tierra primera o vieja va a ser resucitada y se convertirá en la Nueva Tierra. Así que, ¿será la Tierra destruida o renovada? La respuesta es ambas, pero la destrucción será temporal y parcial, mientras que la renovación va a ser eterna y completa.

En un escrito importante, el teólogo Greg Beale sostiene que “la nueva creación es un centro razonable y defendible para la teología del Nuevo Testamento”. Él afirma: “La Biblia comienza con la creación original la cual es corrompida, y el resto del Antiguo Testamento es un proceso histórico redentor que marcha hacia una restauración de la creación caída en una nueva creación. El Nuevo Testamento, entonces, ve esas esperanzas comenzando a cumplirse y profetiza un tiempo futuro de cumplimiento en una nueva creación consumada, la cual describe Apocalipsis 21:1–22:5”.[9]Greg K. Beale, “The Eschatological Conception of New Testament Theology” [“El concepto escatológico de la teología del Nuevo Testamento”], Eschatology in Bible and Theology [La escatología … Continue reading

Como hemos visto de Isaías y a través del Antiguo Testamento, la doctrina de los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra no es una ocurrencia tardía de desarrollo de última hora, sino un componente central de la historia y la intención redentora. Es el paradigma de la perspectiva bíblica, que incluye pero que es más amplio que los temas del reino, el pacto, la resurrección y la salvación. Como lo expresa Greg Beale: “La nueva creación es el centro de gravedad hermenéutico y escatológico del Nuevo Testamento”.[10]Ibid., 50.

Haciendo un resumen de las perspectivas del teólogo William Dumbrell sobre la nueva creación, Greg Beale dice: “Todo el Antiguo Testamento marcha hacia la meta de una nueva creación, y el Nuevo Testamento comienza a cumplir esa meta principal. . . . La redención siempre está subordinada a la creación en que es el medio de volver a introducir las condiciones de la nueva creación. Todos los eventos desde la caída deben ser vistos como un proceso que lleva a la reintroducción de la creación original. William Dumbrell está en lo correcto en cuanto a entender a la nueva creación como la noción dominante de la teología bíblica, porque una nueva creación es la meta o propósito del plan histórico- redentor de Dios; la nueva creación es el punto principal de las Escrituras”.[11]Ibid., 21–22.

La muerte de la Tierra no va a ser más final que nuestra muerte. La destrucción de la primera Tierra en el juicio purificador de Dios será seguida inmediatamente por su resurrección a la nueva vida. El “fin” atroz de la Tierra se abrirá directamente a un glorioso nuevo comienzo.

References

References
↑1 Wayne Grudem, Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine [Teología sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica] (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 1160–61.
↑2 John Piper, Future Grace [Gracia futura] (Sisters, Ore.: Multnomah, 1995), 371, 376.
↑3 Ibid., 376.
↑4 Cornelius P. Venema, The Promise of the Future [La promesa del futuro] (Trowbridge, UK: Banner of Truth, 2000), 468.
↑5 Albert M. Wolters, citado en Venema, Promise of the Future [La promesa del futuro], 468.
↑6 Venema, The Promise of the Future [La promesa del futuro], 469.
↑7 E. J. Fortman, Everlasting Life after Death [Vida eterna después de la muerte] (New York: Alba House, 1976), 304.
↑8 Walter Bauer, The Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature [Léxico griego-inglés del Nuevo Testamento y de la literatura de los primeros cristianos], ed. Frederick W. Danker, tercer ed. (Chicago: University of Chicago Press, 2000).
↑9 Greg K. Beale, “The Eschatological Conception of New Testament Theology” [“El concepto escatológico de la teología del Nuevo Testamento”], Eschatology in Bible and Theology [La escatología en la Biblia y la teología], ed. Kent E. Brower y Mark W. Elliott (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1997), 44.
↑10 Ibid., 50.
↑11 Ibid., 21–22.