38: ¿Será el cielo aburrido alguna vez?

Un concepto erróneo común acerca de la eternidad surgió en un episodio de Viaje a las Estrellas: Voyager. Un miembro del “Q continuo” que no muere anhela que su existencia tenga fin. ¿Por qué? Porque, se queja él, todo lo que podría ser dicho y hecho ya ha sido dicho y hecho, y ahora solo hay repetición y completo aburrimiento. Él dice: “Para nosotros, la enfermedad es la inmortalidad”. Finalmente se le permite poner fin a su existencia.

El escritor de ciencia-ficción, Isaac Asimov, escribe: “Yo no creo en una vida después de la muerte, así que no tengo que pasar toda la vida temiéndole al infierno, o temiéndole aún más al cielo. Cualesquiera que fueran las torturas del infierno, yo creo que el aburrimiento del cielo sería aún peor”.

Es triste, pero aun entre cristianos, es un mito frecuente que el Cielo será aburrido. Algunas veces no nos podemos imaginar nada más allá de un arpa y sacarle brillo a las calles de oro. Hemos sucumbido a las estrategias de Satanás “para blasfemar contra Dios, para maldecir su nombre y su morada y a los que viven en el cielo” (Apocalipsis 13:6).

¿Qué haremos para evitar el aburrimiento?

La gente dice a veces: “Yo preferiría divertirme en el Infierno que estar aburrido en el Cielo”. Muchas personas se imaginan el Infierno como un lugar en el que descansarán, jugarán al billar y bromearán con sus amigos. Eso podría suceder en la Nueva Tierra, pero no en el Infierno.

El Infierno es un lugar de tormento y soledad, donde no existen las amistades ni los buenos tiempos. El Infierno será terriblemente aburrido. Todo lo bueno, lo que se disfruta, lo agradable, lo fascinante e interesante, se deriva de Dios. Sin Dios no hay nada interesante que hacer. El rey David escribió: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11, rv60). En la presencia de Dios no hay nada sino gozo.

Nuestra creencia de que el Cielo será aburrido revela una herejía —que Dios es aburrido. No existe una necedad más grande que esa. Nuestro deseo de placer y la experiencia del gozo vienen directamente de la mano de Dios. Él hizo nuestras glándulas del gusto, la adrenalina, el impulso sexual y las terminaciones nerviosas que conducen el placer a nuestro cerebro. De igual forma, nuestra imaginación y nuestra capacidad de gozo y estimulación fueron hechas por el mismo Dios a quien acusamos de ser aburrido. ¿Somos tan arrogantes para imaginarnos que a los seres humanos se les ocurrió la idea de divertirse?

“¿No será aburrido ser buenos todo el tiempo?”, me preguntó alguien. Fíjese en lo que se asume: que el pecado es emocionante y que la justicia es aburrida. Hemos creído la mentira del diablo. Su estrategia más básica, la misma que empleó con Adán y Eva, es hacernos creer que el pecado trae satisfacción. Pero en realidad, el pecado nos roba la satisfacción. El pecado no hace que la vida sea interesante; hace que la vida sea vacía. El pecado no crea aventura; la mitiga. El pecado no expande la vida; la disminuye. La futilidad del pecado inevitablemente lleva al aburrimiento. Cuando hay realización, cuando hay belleza, cuando vemos a Dios como es en realidad —una fuente de fascinación sin fin— el aburrimiento se hace imposible.

Los que creen que las cosas emocionantes no pueden existir sin el pecado, están pensando con mentes envenenadas. Los drogadictos están convencidos de que sin sus drogas no pueden vivir vidas felices. De hecho —como todos los demás pueden ver— las drogas los hacen desdichados. La libertad del pecado significará libertad para ser lo que Dios quiso que fuéramos, libertad para encontrar mucho más gozo en todas las cosas. En el Cielo tendremos plenitud —como lo describe el Salmo 16:11— de gozo y placeres eternos.

Otra razón por la cual la gente asume que el Cielo es aburrido es que sus vidas cristianas son aburridas. Esa no es culpa de Dios; es culpa de ellos. Dios nos llama para que lo sigamos en una aventura que nos debería hacer apreciar lo mejor de la vida. Si estuviéramos experimentando el movimiento vivificador del Espíritu de Dios, confiando en Él para que llene nuestra vida con las cosas que Él quiere, experimentando diariamente el deleite infantil de su bondad llena de gracia, entonces sabríamos que Dios es emocionante y que el Cielo es estimulante. ¿Qué otra cosa podría ser?

¿Será atractivo nuestro trabajo?

¿Qué le parece esto para una descripción de trabajo atractivo? Vamos a ayudar a Dios a gobernar el universo (Lucas 19:11-27). La forma en que la Biblia presenta a la gente resucitada trabajando en una sociedad vibrante en una Tierra resucitada no podría ser más cautivante. (No debe asombrarnos que Satanás trabaje para robárnosla.)

En la Nueva Tierra Dios nos dará mentes renovadas y cuerpos maravillosamente construidos, así que seremos personas sanas, llenas de energía y visión. James Campbell dice: “El trabajo en el otro lado, cualquiera que sea su carácter, estará adaptado a la aptitud especial y al poder de cada uno. Será el trabajo que la persona pueda hacer mejor; el trabajo que usará hasta el máximo todo lo que está dentro de la persona”.[1]James M. Campbell, Heaven Opened [El Cielo abierto] (New York: Revell, 1924), 123.

Aun bajo la maldición captamos vislumbres de cómo el trabajo puede ser enriquecedor, cómo puede formar relaciones y cómo puede ayudarnos a mejorar. El trabajo nos hace esforzar de maneras que nos hacen más inteligentes, más sabios y más realizados. El Dios que nos creó para que hiciéramos buenas obras (Efesios 2:10), no cancelará su propósito cuando nos resucite para habitar el nuevo universo.

Se nos dice que serviremos a Dios en el Cielo (Apocalipsis 7:15; 22:3). El servicio es activo, no pasivo. Involucra desempeñar responsabilidades en las cuales gastamos energía. El trabajo en el Cielo no será frustrante o sin fruto; en cambio, involucrará logros que perduren, sin estar perjudicados por la corrupción y la fatiga, realzados por recursos ilimitados. Enfocaremos nuestro trabajo con el mismo entusiasmo que ponemos en nuestro deporte o pasatiempo favorito.

En el Cielo reinaremos con Cristo, ejercitaremos el liderazgo y la autoridad, y tomaremos decisiones importantes. Esto implica que nuestros líderes nos darán responsabilidades específicas y que nosotros delegaremos responsabilidades específicas a los que se encuentren bajo nuestro liderazgo (Lucas 19:17-19). Estableceremos metas, trazaremos planes y compartiremos ideas. Nuestros mejores días de trabajo en la Tierra actual —esos días en que todo sale mejor de lo que planeamos, cuando todo lo hacemos a tiempo, y cuando todos en el grupo trabajan unidos y disfrutan la compañía del otro— son solo un pequeño anticipo del gozo que nos traerá nuestro trabajo en la Nueva Tierra.

Imagínese las flores que estudiarán los botánicos, los animales que los zoólogos investigarán y jugarán con ellos. Los astrónomos y exploradores dotados tal vez vayan de sistema estelar a sistema estelar, de galaxia a galaxia, estudiando las maravillas de la creación de Dios. Una existencia incorpórea sería aburrida, pero la realidad de nuestra resurrección corporal anula el aburrimiento. Si creemos que la vida en la Nueva Tierra será aburrida, no estamos entendiendo bien. Déle una mirada más de cerca a Dios y a su Palabra, y se desvanecerán todos los pensamientos de que estaremos aburridos en su presencia.

¿Continuará el trabajo que hacemos ahora?

Debido a que habrá continuidad desde la primera Tierra a la nueva, es posible que algo del trabajo que comenzamos en la primera Tierra continúe. Yo creo que haremos algunas de las mismas cosas que estábamos haciendo antes de nuestra muerte. Por supuesto, la gente cuyos trabajos dependen de nuestro mundo caído, cuyos trabajos no existirán en la Nueva Tierra —tales como dentistas (caries), policías (crimen), dueños de empresas funerarias (muerte), agentes de seguros (discapacidad), y muchos otros— cambiarán su trabajo en el Cielo, pero eso no quiere decir que estarán sin trabajo. Lo que ahora es un interés o un pasatiempo tal vez llegue a ser su vocación principal. Sin embargo, otros tal vez continúen con un trabajo similar al que hacen ahora, ya sea como jardineros, ingenieros, constructores, artistas, entrenadores de animales, músicos, científicos, o cientos de otras vocaciones.

El autor Víctor Hugo, al reflexionar en el trabajo de su vida, dijo palabras profundas anticipando su trabajo en el Cielo:

Siento dentro de mí esa vida futura. Soy como un bosque que ha sido talado; los nuevos brotes son más fuertes y más brillantes. Ciertamente que me voy a sentir más cerca de los cielos cuanto más me aproxime al fin, más claros serán los sonidos de las sinfonías inmortales de los mundos que me invitan. Por medio siglo he estado traduciendo mis pensamientos en prosa y verso: historia, drama, filosofía, romance, tradición, sátira, oda y canción; todas estas las he probado. Pero siento que no le he dado vida ni a la milésima parte de lo que hay dentro de mí. Cuando vaya a la tumba puedo decir, como han dicho otros: “Mi trabajo diario ha terminado”. Pero no puedo decir: “Mi vida ha terminado”. Mi trabajo recomenzará a la mañana siguiente. La tumba no es un callejón sin salida; es una carretera. Se cierra cuando llega el crepúsculo, pero se abre al amanecer.[2]Victor Hugo, “The Future Life” [“La vida futura”], citado en el sermón de Dave Wilkinson, “And I Shall Dwell” [“Y moraré”], predicado en la Iglesia Presbiteriana de Moorpark, 18 de … Continue reading

Estoy convencido de que Víctor Hugo estaba en lo cierto, que el trabajo de la vida diaria de cada cristiano, aunque no siempre sea su vocación, continuará en la Nueva Tierra. Después de todo, nuestro llamado a glorificar a Dios nunca terminará. Esto se aplica tanto a aquí y ahora como a entonces y allí, y es probable que sea realizado de muchas maneras antiguas tanto como nuevas.

En La doctrina bíblica del Cielo, Wilbur Smith sugiere: “En el cielo se nos permitirá terminar muchas de esas tareas dignas que habíamos soñado hacer mientras estuvimos en la tierra, pero que ni el tiempo, la fuerza o la habilidad nos permitieron lograr”.[3]Wilbur M. Smith, The Biblical Doctrine of Heaven [La doctrina bíblica del Cielo] (Chicago: Moody, 1968), 195. Este es un pensamiento alentador. Nos libra de pensar frenéticamente en que tenemos que hacer todo ahora, o de darnos por vencidos desesperados debido a los límites del tiempo, dinero y fuerza, y los deberes que no nos permiten hacer las cosas que nos encantaría hacer.

James Campbell se consoló con esta misma idea:

Esto arroja cierta medida de luz vivificante sobre la dolorosa desdicha de una vida que se acaba de pronto en la plenitud de su fuerza. En presencia de tal tragedia preguntamos instintivamente: ¿Por qué esta pérdida? ¿Se perderá todo el adiestramiento, disciplina y cultura de este espíritu escogido? No puede ser; porque en el universo de Dios nada se pierde jamás. Jamás ninguna preparación es en vano. Allá arriba se necesitan mentes claras, corazones cariñosos y manos hábiles… Si algunas clases de trabajo terminan, otras comenzarán; si algunos deberes son descontinuados, otros serán tomados. Y cualquier pesar por trabajo no hecho aquí, será devorado en la anticipación gozosa del trabajo más elevado que espera a cada trabajador preparado y dispuesto en el reino alto del Padre… Él no permitirá que ninguna esperanza nacida en el cielo sea causa de vergüenza, sino que hará que se realicen las visiones más brillantes de la vida.[4]Wilbur M. Smith, The Biblical Doctrine of Heaven [La doctrina bíblica del Cielo] (Chicago: Moody, 1968), 195.

¿Cómo será llevar a cabo una tarea, construir y crear, sabiendo que lo que estamos haciendo durará? ¿Cómo será estar obteniendo habilidades siempre, de modo que nuestro mejor trabajo siempre esté por delante de nosotros? Debido a que nuestras mentes y cuerpos jamás empeorarán, y debido a que nunca nos faltarán los recursos o la oportunidad, nuestro trabajo no se deteriorará. Los edificios no durarán solamente cincuenta años, y los libros no se mantendrán impresos solo durante veinte años. Durarán para siempre.

¿Habrá desarrollos culturales?

Anthony Hoekema dice: “En el principio se le dio al hombre el así llamado mandato cultural —el mandato de gobernar la tierra y de desarrollar una cultura que glorifique a Dios. Debido a que el hombre cayó en el pecado, ese mandato cultural nunca ha sido llevado a cabo de la forma en que Dios quiso que se hiciera. Solo en la nueva tierra será llevado a cabo perfectamente y sin pecado. Solo entonces podremos gobernar la tierra de manera apropiada”.[5]Anthony A. Hoekema, “Heaven: Not Just an Eternal Day Off ” [“El Cielo: No solo un eterno día feriado”], Christianity Today (6 de junio de 2003), … Continue reading

¿Hubiera habido cultura humana sin la caída? Por supuesto que sí. La cultura es el producto natural que Dios diseñó cuando dotó, equipó y llamó a la humanidad para que gobernara a su creación. Las Escrituras describen desarrollo en la agricultura, la metalúrgica y la creación de instrumentos musicales (Génesis 4:20-22) muy poco después de la caída. Si Dios no hubiera tenido interés en esas mejoras culturales, lo hubiera hecho notar. Dios creó a los que llevan su imagen para que lo glorificaran por medio de logros creativos, y a Él le agradan dichos logros.

Solamente dos personas en la historia de la humanidad, Adán y Eva, comenzaron siquiera a gustar lo que fue llevar a cabo el mandato de Dios de someter la Tierra, y no llegaron muy lejos. ¿Le faltó previsión a Dios al no anticipar la caída? ¿Abandonó Dios sus planes con Adán y Eva después de que ellos pecaron? No. Él tenía un plan que cumpliría su diseño original de mejor manera. La cultura resucitada alcanzará alturas cada vez mayores, alturas que ninguna sociedad ha visto hasta ahora.

En su libro La promesa del futuro, el teólogo Cornelius Venema escribe: “Cada fruto excelente y legítimo de la cultura humana será llevado y contribuirá al esplendor de la vida en la nueva creación. Más que la nueva creación sea un nuevo comienzo radical, en el que todos los frutos nobles y excelentes del cumplimiento del mandato cultural a la humanidad sean completamente descartados —la nueva creación se beneficiará de ellos y será inmensamente enriquecida al recibir dichos frutos”.[6]Cornelius P. Venema, The Promise of the Future [La promesa del futuro] (Trowbridge, UK: Banner of Truth, 2000), 481.

Deberíamos engrandecer nuestra visión de lo que nos espera. La obra redentora de Dios es mucho más grande de lo que nos imaginamos porque Dios mismo es mucho más grande de lo que nos imaginamos.

¿Una teología de bote salvavidas o de arca?

Paul Marshall habla de la generalizada pero errada noción de que hemos arruinado el mundo en forma permanente. Él dice que muchos asumen: “Lo que ahora es importante es que rescatemos a la gente de los despojos”.[7]Paul Marshall con Lela Gilbert, Heaven Is Not My Home: Learning to Live in God’s Creation [El Cielo no es mi hogar: Aprendiendo a vivir en la creación de Dios] (Nashville: Word, 1998), 30. Él llama a esto teología de bote salvavidas:

Es como si la creación fuera el Titanic, y ahora que hemos chocado contra el témpano de hielo del pecado, no nos queda otra cosa que hacer sino entrar a los botes salvavidas. El barco se hunde rápidamente, Dios ha desistido en cuanto a él y ahora está preocupado solo con que sobreviva su pueblo. Cualquier esfuerzo que hagamos para rescatar la creación de Dios es como arreglar las sillas de la cubierta. En cambio, dicen algunos, nuestra única tarea es meternos en los botes salvavidas, mantenerlos a flote, sacar a las víctimas que están en el agua, y navegar hasta que lleguemos al cielo donde todo estará bien. [8]Ibid.

Marshall dice que esta es la conjetura y la perspectiva que apoyan muchos cristianos evangélicos. Él propone una alternativa a la teología del bote salvavidas, que él llama teología del arca:

El arca de Noé no solamente salvó a personas, sino que también preservó a otras criaturas de Dios. El arca no fue para huir, sino para regresar a la tierra y comenzar de nuevo. Una vez que las aguas del diluvio bajaron, la intención fue que todos los que estaban en el arca regresaran para restaurar la tierra.[9]Ibid., 30–31.

Que Dios preservara al hombre, a los animales y a la misma Tierra demuestra que Él no ha dejado de lado a su creación. De hecho, después de la caída, Él le ordenó a Noé lo mismo que les había ordenado a Adán y Eva antes de la caída: que llenaran la Tierra y que la gobernaran. Noé entonces plantó una viña (Génesis 9:20), y la humanidad comenzó de nuevo a trabajar en la tierra.

Nuestros dones e intereses especiales —la forma en que fuimos hechos— no son accidentes. Dios nos hizo de esa manera. Él nos diseñó cuidadosamente a cada uno de nosotros para expresar su gloria de forma única. Dios se regocijará mientras prosperamos juntos, en forma interdependiente, en la cultura continuamente creativa de la Nueva Tierra.

¿Cómo expresaremos nuestra creatividad?

En este mundo, aun bajo la maldición, la imaginación y las destrezas humanas han producido algunas obras notables. Las estatuas de las Islas de Pascua, Stonehenge, las obras de Shakespeare, la Novena Sinfonía de Beethoven, el puente Golden Gate, el béisbol, los trasplantes de corazón, la cirugía prenatal, los hornos de microonda, los discos compactos, las naves para viajar en el espacio, el helado de chocolate, el pastel de nueces, los automóviles deportivos. Es una lista que no tiene fin.

Con los recursos que con tanta generosidad nos dará Dios en la Nueva Tierra, ¿qué podremos lograr juntos? Cuando pensamos en esto deberíamos ser como los niños cuando piensan en la Navidad —que se escabullen de la cama para ver qué hay debajo del árbol de Navidad.

Sin creatividad, la música sería una sucesión monótona de sonidos. Sin creatividad, los libros serían aburridos y superficiales. No captarían nuestras mentes y corazones. Las pinturas serían deslucidas o no existirían. Nuestras casas serían barracas, nuestros edificios cajas. Dios está preparando un lugar para nosotros, y Él nos capacitará para desarrollarlo para su gloria.

Estoy de acuerdo con Anthony Hoekema cuando dice: “Las posibilidades que ahora se presentan ante nosotros son más de lo que podemos pensar. ¿Habrá ‘mejores Beethoven’ en la Nueva Tierra? ¿…mejores Rembrandt, mejores Rafael? ¿Leeremos mejor poesía, mejor drama y mejor prosa? ¿Continuarán los científicos avanzando en logros tecnológicos, continuarán los geólogos excavando los tesoros de la tierra, y continuarán los arquitectos construyendo estructuras majestuosas y atractivas? ¿Habrá nuevas y emocionantes aventuras en viajes espaciales?… Nuestra cultura glorificará a Dios de maneras que sobrepasan a nuestros sueños más fantásticos”.[10]Hoekema, “Eternal Day Off ” [“Eterno día feriado”].

¿Qué logros alcanzarían Leonardo, Galileo, Edison o Einstein si pudieran vivir aun mil años sin estar obstaculizados por la maldición? ¿Qué lograremos nosotros cuando tengamos cuerpos resucitados con mentes resucitadas, trabajando juntos para siempre?

En la Nueva Tierra, los dones que Dios nos ha dado no se perderán con la edad, la muerte, la mezquindad, la inseguridad o la pereza. Cuando no tenga las distracciones ni las mermas ocasionadas por el pecado y las demandas de la supervivencia, la humanidad creará e innovará a niveles sin precedentes, para la gloria eterna de Dios.

¿Le daremos nuevas formas a la cultura?

Los ángeles podrían haber mantenido el mundo que Dios ha creado. Pero son necesarios los que llevan la imagen de Dios para que desarrollen, expandan y embellezcan la Tierra. Eso es la cultura. Incluye el arte, la ciencia y la tecnología. La pregunta de si estas disciplinas creativas continuarán en la eternidad queda contestada si creemos lo que dice la Biblia de que tanto la humanidad como la Tierra continuarán en forma física. Si es así, entonces la cultura debe continuar.

Jesús dijo: “Sobre él grabaré el nombre de mi Dios, y el nombre de la nueva Jerusalén, ciudad de mi Dios, la que baja del cielo de parte de mi Dios; y también grabaré sobre él mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:12). Jesús dice que pondrá en nosotros su nombre y también el nombre de la Nueva Jerusalén —un lugar con gente, edificios y cultura. Dios escoge marcarnos no solo con su persona sino también con su lugar.

Dios es Creador, y Él nos creó para que fuéramos creadores. De ahí que lo que creamos es una extensión de la creación de Dios. Él acepta, recibe con agrado y se deleita en nuestra creación —como lo hizo con los nombres que Adán les puso a los animales. Él se deleita en nosotros de la misma forma en que nosotros nos deleitamos en la creatividad de nuestros hijos. En su libro Explorando al Cielo, Arthur Roberts reflexiona sobre cómo será la vida después de que la maldición del pecado sea eliminado:

La ciudad del hombre ha tenido indicios de un esplendor venidero. La civilización ha traído salud y seguridad. Ha traído libertad de los trabajos arduos y ha provisto placer creativo a millones de personas. ¡Cuánto más, libre de la maldición del pecado, florecerá la civilización! El Cielo hará provisión para la vida urbana así como para la vida del campo… Ya la ciudad del hombre está investigando las galaxias. Ya ha catalogado el genoma humano. Cuando ya no exista la maldición, cuando haya pasado el apocalipsis, con seguridad que los seres humanos en el cielo se convertirán en mayordomos activos del Señor para completar o extender el universo de cosas y de ideas. Toda la creación gime, dijo Pablo, esperando la redención humana. La civilización no es vieja; ¡apenas ha comenzado![11]Arthur O. Roberts, Exploring Heaven [Explorando el Cielo] (San Francisco: HarperSanFrancisco,
2003), 148.

References

References
↑1 James M. Campbell, Heaven Opened [El Cielo abierto] (New York: Revell, 1924), 123.
↑2 Victor Hugo, “The Future Life” [“La vida futura”], citado en el sermón de Dave Wilkinson, “And I Shall Dwell” [“Y moraré”], predicado en la Iglesia Presbiteriana de Moorpark, 18 de febrero de 2001, http://www.mppres.org/sermons/2001/021801.htm.
↑3, ↑4 Wilbur M. Smith, The Biblical Doctrine of Heaven [La doctrina bíblica del Cielo] (Chicago: Moody, 1968), 195.
↑5 Anthony A. Hoekema, “Heaven: Not Just an Eternal Day Off ” [“El Cielo: No solo un eterno día feriado”], Christianity Today (6 de junio de 2003), http://www.Christianitytoday.com/ct/2003/122/54.0.html.
↑6 Cornelius P. Venema, The Promise of the Future [La promesa del futuro] (Trowbridge, UK: Banner of Truth, 2000), 481.
↑7 Paul Marshall con Lela Gilbert, Heaven Is Not My Home: Learning to Live in God’s Creation [El Cielo no es mi hogar: Aprendiendo a vivir en la creación de Dios] (Nashville: Word, 1998), 30.
↑8 Ibid.
↑9 Ibid., 30–31.
↑10 Hoekema, “Eternal Day Off ” [“Eterno día feriado”].
↑11 Arthur O. Roberts, Exploring Heaven [Explorando el Cielo] (San Francisco: HarperSanFrancisco,
2003), 148.