Sermón 1: Ocuparnos de nuestros propios asuntos (Juan 17:6-19)

TEXTO: “Cómo tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Jn 17:18)

LECTURA BÍBLICA: Juan 17:6-19

INTRODUCCIÓN: Durante una clase bíblica y al presentar el maestro la necesidad de ir a otras regiones a predicar el evangelio de Jesucristo, se vio encarado por uno de los estudiantes con la siguiente pregunta:“La gente de otros países tiene su propia religión, su propio modo de vivir, su propia cultura, ¿por qué no los dejamos tranquilos y nos ocupamos de nuestros propios asuntos aquí en nuestra iglesia?” “¡Muy bien! −dijo el maestro− ¿Por qué no nos ocupamos de nuestros propios asuntos? ¡Estoy en un todo de acuerdo en que nos ocupemos de nuestro deber! ¿Y cuál es nuestro deber? ¿Cuál es el asunto que nos toca de cerca?” No existe la menor duda sobre cuál es el asunto que más le concierne al seguidor de Cristo. Se nos envía a que llevemos el evangelio a todo el mundo. “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Jn 17:18). Este es el asunto que le concierne a su iglesia y más vale que no lo descuidemos. Notemos cuatro cosas:

  1. EL LUGAR DONDE DEBEMOS TRABAJAR
    Es el mundo, todo el mundo. Jesús puso las cosas bien en claro. Cuando uno se transforma en cristiano entra a formar parte de una empresa mundial, multinacional. ¿Y qué de este mundo donde debemos trabajar?
    1. Es un mundo que está en continuo cambio. Los soldados de Alejandro Magno quedaron consternados cuando se dieron cuenta de que se “habían salido” de los únicos mapas con que contaban, mapas griegos del Asía Menor. Nuestro mundo ha hecho precisamente esto. Los mapas locales y las fronteras cambian de día en día. Los factores raciales y de lenguaje están cambiando por todos lados. La cultura y las costumbres de los pueblos están pasando por verdaderas revoluciones. No es ni sensato ni cristiano el tratar de desconocer todo esto.
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    2. Es un mundo que crece. A pesar de las velocidades alcanzadas por el transporte moderno, este mundo es todavía enorme, pero esto no es todo. Su población crece cada minuto que pasa. Ello intensifica todos los problemas del mundo, incluyendo el hambre. ¿Cómo podemos desentendernos de todo esto?
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    3. Es un mundo que muere. Miles y miles pasan a una eternidad sin Cristo, día a día. Es muy poco lo que podemos hacer para evitar que el hombre muera, pero es mucho lo que podemos hacer para prepararlo en este paso. No cabe la menor duda de que nuestro campo de acción está en todas partes de este mundo donde los hombres mueren sin Cristo.
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  2. LAS NORMAS DE NUESTRA EMPRESA
    Como toda gran empresa, el cristianismo tiene principios y normas de operación.
    1. Creemos en un solo Dios. Si creyéramos en muchos dioses y que todas las religiones son verdaderas y suficientes deberíamos dar razón al estudiante que dijo que nos limitásemos a ocupamos de nuestros asuntos aquí en nuestra propia iglesia. Pero si realmente creemos en esta doctrina básica del monoteísmo, hemos de estar convencidos de que debemos ir a todos los pueblos a contarles acerca de este único Dios para todos los hombres.
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    2. Además creemos en una sola raza humana. Si bien hay diferencias entre los hombres, nos equivocamos cuando hablamos de “las razas”. No hay sino una sola raza de hombres ante los ojos de Dios, la raza humana. Nunca deberíamos hablar de “misioneros extranjeros”. A los ojos de Dios no hay extranjeros y mucho menos en la familia cristiana. Las personas a quienes tenemos que hablar del amor de Dios en otras regiones tienen las mismas emociones, aspiraciones; y problemas, sí, y los mismos pecados y la misma necesidad de un Salvador que nosotros.
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    3. Además, tenemos la doctrina de una única salvación. Un hombre cojo es sanado. Pedro predica acerca de Jesús y la resurrección a la multitud que se reúne. Lo llevan ante el sanedrín para juzgarlo por hacer esto y Pedro dice: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch 4:12). Todas las Escrituras nos dicen esto claramente. Si nosotros aceptamos sinceramente este concepto básico de que Cristo es la única esperanza de salvación para el género humano, no podemos dejar de comprender que nuestro deber es tratar de ganar a todo el mundo. (
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  3. EL PROPÓSITO DE NUESTRA EMPRESA (xx
    Lo mismo que muchas grandes empresas, las fuerzas cristianas ocasionalmente deben hacer un inventario de sus actividades y el propósito por el cual existen.
    1. Debemos evangelizar. “Por tanto, id, y haced discípulos de todas las naciones” (Mt 28:19a), nos manda Jesús. Alguien le preguntó al duque de Wellington si él creía que los paganos que nunca habían oído el evangelio se perderían. “¡Eso no es asunto suyo! −rugió el anciano duque−, ocúpese de las órdenes que usted ha recibido, ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura’“ (Mr 16:15).
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    2. Debemos bautizar. “Bautizándolos” (Mt 28:19b) indica nuestra comisión. Esto encierra el aspecto total de construir iglesias y aumentar el número de creyentes en comunión. Nunca debemos pedir disculpas por establecer nuevos puestos de avanzada y emplazamientos en el nombre de Cristo alrededor del mundo. Las fuerzas cristianas tienen que ser tan diligentes y capaces como las más poderosas compañías. Debemos hacerlo así para traer vida eterna a todos los hombres.
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    3. Debemos enseñar la vida cristiana. Jesús también dice: “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt 28:20a). Esto lleva tiempo, estudio y oración, y compañerismo cristiano. Escuelas, hospitales, centros de entretenimiento son una parte tan importante de la gran comisión como predicar el evangelio. Debemos tratar de preparar hombres para que se tomen parecidos a Cristo.
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  4. EL PODER DE NUESTRA EMPRESA
    Toda empresa comercial debe tener cierto respaldo si quiere tener éxito. La Gran Comisión está respaldada por el señorío de Jesucristo, quien dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mt 28:18). No tenemos derecho de argüir cuál es nuestra ocupación sobre esta tierra cuando nuestro Señor lo ha estipulado en forma tan explícita. El es quien tiene que decidir qué deben hacer sus seguidores; y ya lo ha decidido. El poder para llevar a cabo sus propósitos está disponible. ¡Ocupémonos del asunto!
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CONCLUSIÓN. ¿Por qué tenemos que poner tanto énfasis en levantar una gran ofrenda para mandar obreros a evangelizar otras religiones? Porque esta es nuestra empresa, es un asunto que nos concierne. ¡Debemos hacerlo, y debemos hacerlo ahora!